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martes, 6 de julio de 2010

Alguna vez se hace tarde.



Llegaba cada día a la misma hora. Demasiado tarde para poderle decir lo que había ensayado durante el día. “¿Ves? Ya no grito…hablo más despacio… he ordenado los papeles…me he peinado como si acabara de levantarme… me he perfumado”. Era demasiado tarde. Jamás se dio cuenta.

Cuando empezó a llegar demasiado tarde, era muy tarde para deshacer el ovillo prieto. Los hilos se fueron enrollando con las frases comprensivas, con la inmovilidad para que él pudiera moverse. Un milímetro cada día. Y milímetro a milímetro, muchos años. Una pelota…Color ocre de los días sin sol; color negro de los días sin mar, color malva de noches sin cama, sin sueño; color rojo de amaneceres despierta. En la mesa del salón, un ovillo grande de color y color y color.

Un manotazo de tristeza. La pelota ligera de hilos prietos rodó hacia el balcón. Y el aire cerró las puertas. La brisa del mar humedeció todos los segundos de todos los días de todos los años.

Cuando la ráfaga del viento la agitó… Dios se la llevó.

Y siguió llegando demasiado tarde… para llorar de noche junto a la ventana por todo el amor que no supo deshilvanar segundo a segundo, día a día, año tras año.

Demasiado tarde.


Sugerencia de Sarracena que lo clava:

martes, 12 de enero de 2010

De noche


Llega la noche y como todos los días se nos va el día. Los minutos, los segundos, van absorbiendo la luz y caminamos a tientas. Desaparecen los árboles, los arbustos. Las calles se confunden con las aceras. En los portales cuelgan luces amarillas. Es la noche que ha escondido al sol para salpicar el cielo de luces sueltas que forman los dibujos que cada uno quiera inventar. Es de noche y hace frío, porque la luna no calienta y los animales se refugian en sus guaridas. Y los hombres, en sus casas, con la luz eléctrica encendida.

Desde las cocinas del barrio se escucha, rítmico, el ruido de los tenedores que chocan contra el plato y huele a tortilla y a sopa. La noche es el momento que sabe a cenas rápidas. Mamá llama a los niños. “Manuel… ¡basta ya de ordenador! ¡María, que mañana no te levantarás ni con una jarra de agua fría!”. Se oye la verborrea del televisor que da las noticias, que anuncia un detergente, que nos avanza una nueva serie de profesores y alumnos, de médicos y hospitales, de crímenes sin resolver… Manuel da la tabarra porque mañana quiere ver justo esa serie que no le gusta a mamá. “Eso no son chicos normales. La gente normal no hace esas cosas”. Pero Manuel no sabe dónde meterse cuando todos comentan el episodio de la semana y él se hace el tonto. Asiente como si lo hubiera visto aunque no pueda opinar.

Por la noche la gente está cansada de hacer mucho o de no hacer nada. El más vago de la casa se ha tumbado en el sofá. Ha pillado unas cuantas mantas y sería necesaria una grúa para sacarlo de tanto peso como lleva encima. Porque las mantas pesan. Las ligeras valen mucho más dinero. A veces el teléfono suena y a nadie le apetece cogerlo porque no son horas. Manuel se hace el sueco y María acaba por desconectarlo. A veces quedan asuntos pendientes, ejercicios sin acabar, exámenes que hay que rematar… Y “no son horas” dice el jefe de la república, que casi siempre llega tarde porque los clientes no tienen prisa.

A las once se echa el cerrojo. Chic-chac...¡casa! Empieza otra guerra.  Son un clásico las peleas en la cola del ordenador – “y dale con el cacharro”- porque, a pesar de las advertencias de mamá, la insistencia lleva pilas “Duracell”. A veces, las discusiones empiezan porque no todo el mundo quiere ver el fútbol. De cuando en cuando hay lío porque el que se acuesta antes no puede dormir. La música de la habitación que da justo a la pared de la vivienda de al lado se pasa de decibelios. Y no queda otro remedio que aporrar la pared. Ni por ésas. El vecino del 5º B sestea de día y parece que de noche resucita. "Nini", le llaman en el bloque. Ni estudia ni trabaja… Y María añade: ni deja estudiar ni trabajar… ni siquiera descansar. Muchas veces acaba pagando los platos rotos Merceditas, la abuela de los del 6º, que padece insomnio y le da por escuchar la radio mientras se balancea en una mecedora más vieja que ella. Y, como todo lo antiguo, chirria. Y chirría justo encima de mi dormitorio que ya es mala suerte.

Me voy a acostar. Siempre me tapo hasta la nariz, me da más seguridad. La noche es oscura y la oscuridad no me gusta. En la cama, estoy solo con el silencio y mis pensamientos. Repaso algunas escenas del día y a veces me ponen triste. Es un día que ha pasado, que no volveré a repetir, pero que tampoco puedo borrar. A veces el pensamiento me obliga a pensar y me doy cuenta de que no se puede dejar la mente en blanco, entonces recurro al Ipod. Poco a poco me voy relajando, hasta que llega el momento en el que dejo el pensamiento para entrar en el mundo de los sueños.

Y los sueños a veces se anticipan en el tiempo. Se envalentonan y quieren llamarse pesadillas.  La mecedora, el Nini... los ruidos nocturnos se agitan, se achatan, adelgazan y se acurrucan en la almohada. Quita, quita... Mañana será otro día... si Dios quiere.



domingo, 25 de octubre de 2009

Cuando se atrasa el reloj...


A esta tarde de domingo
le cuesta ser azul;
viene sucia,
como un río arrastrado
por el sabor agridulce de lo cotidiano.

Esta  tarde de domingo
tiene un ardor plomizo en sus labios;
no sabe -no puede-
besar la tibia frente de un niño,
la boca abierta de una muchacha engalanada,
la sien marcada de un mendigo.

No puede -no sabe-.
Sus manos son gruesas, pesadas;
tantean rudamente,
simulan caricias...
Pero mueren al primer intento.
Torpe y descuidado intento.
No sabe -no puede-
Simula caricias
que arañan  la piel .
Luego, con voz rota
susurra :"lo siento".

A esta tarde de domingo
se les amontonan las estrellas
en los bolsillos.
Unas junto a otras
se visten de colores grávidos,
inciertos.
Se confunden
con la oscuridad anticipada
de esta tarde que en domingo
es más oscura todavía.

En esta  tarde de domingo
he encontrado a un poeta sentado...
a otro derrumbado en un banco.
Intentan apresar con las palabras
eso que es...¡ya no es!
del blando fluir del día.

Los poetas saben
que a esta tarde de domingo
se le olvidará el amanecer de ayer.
Y siempre será de  noche 
cuando den las seis.





Chapala para ti, Antonieta. Mi querida amiga del cielo... Te estarás riendo con la tontería del cambio de horario...

sábado, 26 de septiembre de 2009

Historias de la escuela. El primer día. Una profe novata.


-¡Chicos! Os presento a Antonia Valle. Es la tutora de 1º de ESO. Os dará sociales y plástica. A ver cómo os portáis con ella.

Salta a la vista que la señorita Valle es la primera vez que da clases porque el Sr. García le explica de qué va la cosa. “Tú cada día pasas lista, así te familiarizarás con los críos”; “en el parte se apuntan los alumnos que han faltado, aquí se anota los que llegan tarde”; “los deberes que mandes han de quedar reflejados en este recuadro, para facilitar la coordinación”... César y Sebas se miran. La señorita Valle pone cara de que sí, sí... pero no se está enterando demasiado. Parece buena gente. Habrá que ver si dan el visto bueno Alexia, Juan y compañía. Más le vale. Si no, la novata lo pasará mal. Pues sería una pena... Bastante tiene la señora con dominar a los de 1º de ESO, que llevaban la peor fama de todo el colegio. ¡A quién se le ocurre poner a un melindro como Valle de tutora de esos salvajes! Se la van a comer viva…

Sale el Sr. García y Valle se queda sola ante el peligro. Silencio expectante. Todas las miradas hacen diana en el rostro de la profesora nueva. ¿Cómo será? ¿Les pondrá muchos deberes? ¿Hará un examen cada semana sin avisar como Peris? ¿Les contará historias largas en la clase de sociales, como hacía la señorita Mellado y que a Sebas le encantaban? ¿O se hará la dura para demostrar que la que manda es ella? ...Valle es una incógnita y eso le da emoción al primer día de clase.

- Me llamo Antonia Valle y como os ha dicho mi compañero, os daré sociales y plástica. Me gustaría que nos llevásemos bien. No creáis que es tan difícil. La clave está en el respeto mutuo. Yo explico, vosotros escucháis y si tenéis alguna duda yo la aclaro. Es preferible que las dudas no las expongáis todos a la vez porque entonces esto parecerá un gallinero y como comprenderéis, en un gallinero es imposible dar clase. ¿De acuerdo? Cuando yo explico, todos en silencio y cuando un compañero vuestro habla, escuchamos todos. Es muy sencillo. ¿De acuerdo?.... Vamos a ver... Sacad el libro de sociales y abridlo en la página seis.

Murmullos, ruidos de carpetas, hojas bailando de un lado a otro, libros deslizándose del pupitre hasta el suelo... Jose que cae en la cuenta de que sólo tiene medio libro de sociales. Como hereda por tercera vez, posiblemente se habrá ido esfumando con el paso de los años. Y Sebas, dale con que el suyo se lo han robado y César que no, “que esto es imposible porque lo tenías marcado, ¿no?”. La mayoría tiene el libro preparado sobre la mesa.

- ¿Estáis ya?... ¿Y a ti qué te pasa?- le pregunta Valle a Sebas.
-Que no lo encuentro y esto es imposible porque estoy seguro de haber puesto todos los libros en la mochila.

Sebas saca una cara de angustia que da lástima. El primer día y ya le falta un libro.

- ¿Cómo te llamas?- le interroga Valle con un tono apaciguador.
- Sebastián Peñas.
-¡Hombre...! Tú debes de ser hermano de Toño. Lo he tenido esta mañana en clase. Es simpático, pero no para quieto ¿eh?... Bueno, Sebastián, no te preocupes; lo compartes con... –se queda mirando a César como esperando respuesta.
- César, me llamo César.
- Pues eso. César te lo deja hasta que encuentres el tuyo. ¿De acuerdo? Venga, tranquilo, que no pasa nada. Los primeros días todos andamos un poco despistados. Eso ya se sabe.

Valle empieza a explicar para qué sirve la asignatura de sociales, “a estas alturas ya deberíais saberlo, pero no estaría mal un pequeño recordatorio”. Este curso estudiarán geografía y el inicio de la historia de la humanidad. Para la geografía sería muy interesante que comprasen papel de calco, así los mapas cuestan menos de dibujar

-¿Más material? Mi madre dice que ella sólo compra lo que hay en la lista que nos mandan por correo- salta Alexia
-¿Tú eres...?- la señorita Valle cambia el tono. Parece más sorprendida que enfadada.
-Alexia- así, sin más.
-Bueno, Alexia. Diez hojas de calco valen veinticinco pesetas y piensa que posiblemente te sobrarán. Tampoco es la ruina ¿verdad?
- Eso, y con las que sobren qué hago... ¿me las como?- contesta Alexia, que empieza a ponerse impertinente y la verdad es que no lleva razón.
- Eres una rata. Si no las gastas todas, las guardas. A lo mejor te hacen falta el año que viene- salta Jose, que no puede con la prepotencia de Alexia, que va siempre de “sobrada”.

Las intervenciones se suceden sin orden ni concierto. Y Valle no da crédito.

-Pues peor cuando nos hacían comprar aquellos mapas que se llamaban... ¿mapas sordos?; sí, eso, mapas sordos.- añade Pipo, muy convencido.

Media clase por los suelos. Las confusiones de Pipo sí que hacían historia.

-¿Qué dices tú de mapas sordos? Mudos, idiota. Se llaman mudos.- sentencia Juan.
-¿Y qué más da sordos que mudos? ¿Qué diferencia hay, a ver, listo?- salta César, muy gallito, defendiendo a Pipo- ¿O es que tú no sabes que los sordos son mudos y los mudos sordos, eh, tú?
-¿Eh, tú?... ¿eh, tú? César, si no sabes de qué va, te callas. Que eres más tonto que el “caraculo”.

Ahí sí que Alexia se había pasado. César se pone hecho una furia. Que te comparen con Gerard es de lo más humillante. Increíble la que se ha liado a propósito de un mapa. Valle intenta meter baza pero sencillamente la ignoran. Como si no existiese. Y en éstas, suena el timbre que anuncia el final de la clase. Menuda oportunidad para que César se levante de la silla y se lance como un energúmeno hacia el pupitre de Alexia. Pero ahí está la señorita Valle, altísima, que realmente sigue en la clase aunque no lo parezca y logra separarlos. Se despide con un “Ya hablaremos de este incidente”. Coge su maleta y desaparece.



Cualquier cosa... por suceder, puede suceder cualquier cosa. A ver mañana. Quien más quien menos se va algo intranquilo a su casa. Y Sebas con más razón porque no ha sabido nada más de Gerard desde antes de comer.

Salen todos los cursos a la vez, de estampida. Los autobuses y los coches particulares hoy han sido más puntuales que nunca. Pero Sebas no piensa irse sin averiguar qué ha sido de Gerard. La clave está en encontrar a la señorita Mellado. Como es la profesora de los más pequeños, no se marcha hasta que todos los alumnos de primero están en sus puestos.

La señorita Mellado es... especial. No tiene enemigos, nadie habla mal de ella. Si te pega una bronca es porque te la mereces, pero siempre sin gritar ni humillar. Un día Toño le contó a Sebas que la Mellado no tenía hijos, que le pasaba no sé qué. Y ni falta que le hacían porque sus alumnos eran como sus hijos. Pero no sólo los de primero y los nuevos -su grupo preferido-, no; todos, porque todos “habían pasado por sus manos” y de todos guardaba un buen recuerdo. La de veces que se había llevado a Toño a pasear hasta los olivos, que estaban en la otra punta del patio, para que nadie se diese cuenta de que volvía a estar expulsado de clase. Gran tipa, la señorita Mellado. Ella era la única que jamás confundiría a Sebas con Toño.

Gracias por la sugerencia, Ana de León.



jueves, 24 de septiembre de 2009

Historias de la escuela. El primer día.La vuelta a casa.


Ahí está la tía Luci, que tiene poca paciencia y ya hace rato que le da al claxon. ¿Qué hace la tía Luci en el colegio? Se suponía que hoy los iba a buscar Sole.
-¡Hola, tía! ¿Y mamá?- pregunta Sebas mientras sube al coche y cierra bruscamente la puerta.
-No... si con estos portazos cualquier día me rompéis un cristal. ¡Qué críos! Anda, un beso. Y ponte el cinturón.

Lucía habla muy deprisa, más que Sole, y Sebas, que no le va nada la velocidad, se pierde siempre la mitad de las cosas.

-¿Y mamá, tía? ¿Por qué no ha venido?-insiste Sebas.
-Pues porque no ha podido, hombre. ¿No estás contento, que te recoge la tía Luci, que os ha venido a ver?
-Luci, las Nike una pasada. -interrumpe Toño- Juancho dice que son como las que llevará Rivaldo esta temporada. – él a lo suyo-. Me ha dicho el entrenador que a lo mejor ficho por el federado. Ostras, ojalá. Pero también dice que cuenta el comportamiento y las notas del curso pasado… y que se lo tiene que pensar.
-¡Ay, Dios mío! Así que cuenta el comportamiento... Pues hijo, casi que pones una vela a Santa Rita. Y si no te cogen ya te miraré yo algo, ¿vale?.... ¡Las niñas! ¿Pero qué hacen fuera de la verja?

Nuria llora y Marta le acaricia la manita.

-¡Qué asco de mocos, Nuria! ¿Tú, nena, eres tonta o qué?-le dice Toño mientras sale del coche.- Por qué lloras, a ver.
-Es que pensaba que no nos vendríais a buscar y nos tendríamos que quedar a dormir en el colegio- contesta Marta, sin inmutarse.

Por lo visto, el pánico a pasar una noche en el colegio no es un problema exclusivo de Sebas. Ahí está Nuria con una cara de desolación que ni Marta, que siempre domina la situación- o al menos eso es lo que Sebas piensa- logra calmarla.
-Pero “Yuya”, cariño... ¿qué es esta carita?- intenta consolarla Luci con nada de éxito- ¿Cuándo te han dejado solita en el cole? Nunca ¿verdad? Pues entonces... reina mía. Va... que ya está... ya se pasa.

El trayecto se hace corto. ¿Por qué será que las emociones intensas acortan el tiempo, lo aceleran como una ventolera en las hojas del calendario? El silencio en el coche se puede cortar, pero los diálogos de cada uno consigo mismo son ensordecedores. Los cuatro tienen la mirada clavada en el horizonte, como fijada sin mirar a un lugar fijo. El primer día de clase siempre es intenso, rico en emociones.

“...la pobre Nuria. A ella también le asusta pensar que la dejarán en el cole, que se olvidarán de venirla a buscar y tendrá que quedarse a dormir sola y que no le podrá dar el beso de buenas noches a papá y a mamá. Dentro de unos años seguramente no llorará, se aguantará como me aguanto yo, pero esa cosa que te aprieta y que te hace tragar saliva todo el rato es peor que llorar; al menos a mí me pasa cada dos por tres. Y lo peor del caso es que no sé explicarlo; no se lo he explicado ni a mamá. A Lluna sí, pero total, sólo me mira y saca la lengua. Yo creo que me entiende; pero claro, con que me entienda Lluna no basta... Marta, esa no sabe la suerte que tiene. Nunca se pone nerviosa ni le aprieta el estómago hasta subirse a la garganta. Ella sí controla. Fastidia pero es así. No hay más que ver a mamá, que cuando no se acuerda de algo se lo pregunta a ella, aunque sea más pequeña que yo. Hoy seguro que le ha ido bien; o la han felicitado por los trabajos del verano, o le han dado un encargo de esos que gustan, no sé... Bueno, mejor para ella. Al fin y al cabo se lo curra. Nunca se acuesta sin haber acabado los deberes y aún le sobra tiempo para ayudar a Nuria, poner la mesa, limpiar zapatos....Y es que encima no se lo tienen que mandar; se ofrece ella. Alucinante. A Toño “la perfectita” lo pone muy nervioso. No es para menos, que si uno compara, no hay color. No es por malpensar, pero no me huele bien que justo Toño se encontrara a Gerard en las escaleras. ¿Qué hacía Toño en las escaleras? Si estaba en las escaleras es que no estaba en clase; eso está cantado. Y si no estaba en clase, una de dos: o se ha escapado, que no creo, o lo han expulsado, que es lo más probable. A ver qué cuenta en casa. Porque contarlo lo contará; Toño lo cuenta siempre todo. Pero habrá que oír su versión de los hechos. Como según él todo el mundo es injusto, la duda está en quién tendrá la culpa esta vez: el Sr. Peris que es un guarro, Juancho que es un chivato o el director que le tiene ganas desde que entró en el “dichoso” colegio. Y a ver cómo se lo toman papá y mamá, que llevan todo el verano diciéndole que haga el favor, que procure no interrumpir en clase ni moverse tanto ni hacer el marrano en el comedor. Todo depende del humor con que los pille. A ver si hay suerte porque sabe mal el primer día y bronca...”

-¿A quién le ha comido la lengua el gato?; Chicos, que estáis dormidos. Id saliendo y coged las mochilas del maletero.

La tía Luci los devuelve bruscamente a la realidad. Ya están en casa; un día menos, piensa Sebas. ¡En casa! Qué ganas de estar en casa y sin deberes porque el primer día no ponen. Si no fuera porque sabía que mañana hay que volver al colegio, sería completamente feliz. Ahí está la pega. Sebas nunca es completamente feliz. Siempre hay algo que le hurga, que le araña flojito en un lugar indeterminado de su corazón y le impide relajarse, disfrutar el momento. En vacaciones no, porque son tan largas que el final se ve muy lejos. Y los viernes tampoco, porque aún queda el sábado y el domingo. Esa es otra... el domingo. ¡Qué corto se hace el domingo! Es como el aperitivo del lunes. Acabar los deberes, ir a Misa, preparar la ropa del día siguiente, acabar de planchar los uniformes, acostarse temprano aunque no haya sueño...
...

-Soleeee... aquí te traigo a tus joyas- grita Lucía desde el rellano de la escalera.

Todos quieren ser los primeros en tocar el timbre. A pesar del empeño de Toño y de los empujones de Nuria, la que lo consigue es Marta. Tiene esa habilidad. A lo tonto, a lo tonto y sin meter ruido, se ha escurrido por debajo de las piernas de Sebas, que es el único que se suele estar quieto, y estirando el brazo ha alcanzado el timbre. Cuando Sole abre la puerta se lanzan sobre ella y la llenan de besos.
-Hija mía, hay amores que matan -comenta Luci en tono irónico-¡Pero niños! Que vais a destrozar a vuestra madre y sólo tenéis una, que yo sepa.

A Lucía siempre la pillan desprevenida las demostraciones de cariño de sus sobrinos. Aunque nunca lo manifiesta abiertamente, se le nota una cierta envidia sana. Había que ver la cara de póquer que se le ponía cuando Sebas decía “mamá, qué guapa eres”, o Toño la agarraba por sorpresa y la asustaba “cuánto te quiero mami”... y Nuria, que se acurrucaba en su falda y le pedía que la “achuchase” y le cantase “Macarena” de los del Río “que ojo el mal gusto que tiene Yuya”... o Marta, que cuando cree que nadie la mira le da un beso de esos que atraviesan la mejilla.

-Venga, a merendar, y mientras me contáis qué tal el primer día, ¿vale? Pero primero dejáis las mochilas en su sitio. Vamos a ver si empezamos el curso con buen pie.
Sole, esta Sole…
-Desde luego, qué poco flexible eres, chica. Con la ilusión con la que llegan los pobres críos y tú dando órdenes -se lamenta Lucía-. Es que les cortas la espontaneidad, mujer. ¿No ves lo contentos que están de llegar a casa? ¿Qué te cuesta ceder un poco?... tú y tu obsesión por el orden.
-Mira, Luci, vamos a dejarlo ¿quieres? Total, no nos vamos a poner de acuerdo...-replica Sole en un tono que quiere ser conciliador- Bueno, qué, niños. Supongo que hoy no hay deberes, ¿no?... ¿O sí...?-la duda viene provocada por la cara de Toño, que intenta hacerse el sueco sin conseguirlo-.
Evidentemente, Toño tiene deberes. No ha abierto el pico y ésa es la señal de alarma.



Ahí... toda una historia tan NORMAL... Muy poco original. Pero es lo que hay el primer día de clase...

Una sugerencia de Sarracena


Y ésta es de Driver




Y ésta de lolo

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Historias de la escuela. El primer día.



Justo terminar de recoger y sonar el timbre de entrada. Dos horas y a casa. Sebas y César se apresuran y consiguen llegar puntuales. Toca lengua con Peris. Ni tiempo para respirar. El señor Peris no necesita presentación porque lo conocen hasta las ratas de las cloacas del colegio. Manda repartir un folio en blanco para que escriban una redacción. Se acerca a la pizarra y con trazo enérgico apunta "Las vacaciones de verano". Original, el tema; no hay curso que no les hagan escribir sobre las vacaciones el primer día de clase.

-Podéis empezar. Y ojo con las faltas porque bajan nota. Os agradecería un poco de imaginación y que pongáis algo más que lo del calor, la playa y esas cosas de siempre. No sabéis lo aburrido que es leer más de veinte veces lo mismo.

Qué gracioso, este Peris. ¿Y las veces que ellos han tenido que escribir “lo mismo”? Si es que cada año igual. Pues sí que lo tiene crudo, porque casi todos veranean en la playa y en verano hace calor. Eso todo el mundo lo sabe y no es cuestión ahora de inventarse lo que no es...

Lo de Sebas y las redacciones es como un martirio. Nunca se le ocurre cómo empezar ni qué poner. Por mucho que escarbe en el cerebro no le salen más que cinco o seis líneas. A él cosas le han pasado muchas, pero no las va a contar en una redacción. Sus cosas son suyas y se las explica a César, a Pablo... y para de contar.

Aún se acuerda de aquella vez, en cuarto, que también tenían a Peris de lengua y va el tío y se pone a leer en voz alta delante de toda la clase una redacción suya. Iba sobre los abuelos y él escribió cosas “bonitas”, que Sole hasta se emocionó cuando se la enseñó. Pues la broma duró semanas y Juan mofándose cada vez que podía... “Ay, la abuelita... ¡Qué preciosa es Lluna!...”.Y todo porque explicaba de Clariana, las excursiones con los abuelos y los primos, de Lluna y la tía Luci que siempre se le ocurren planes originales y divertidos. Al señor Peris le gustó “demasiado” la redacción, pero él se quedó bien fastidiado y Juan diciendo a todos que él era marica o algo así. ¡Pues prefería suspender que pasar vergüenza medio curso!

“Este verano lo he pasado muy bien. Hemos hido a la playa algunos dias en Agosto con mis padres i hermanos. Ha hecho mui buen tiempo y nos hemos podido bañar.. Han benido mis primos de Barcelona con unos amigos suyos...”.
Sebastián Peñas

Ya está; a Sebas no se le ocurre nada más y si a Peris no le gusta que se aguante. Deja el lápiz sobre la mesa, cruza los brazos y apoya sobre ellos la barbilla. Mira de reojo a sus compañeros, que todavía siguen escribiendo. Menudo rollo tiene Víctor. Seguro que la mitad de las cosas se las inventa con tal de que le pongan Sobresaliente. Víctor es, desde que a Sebas le alcanza la memoria, el primero-de-la-clase. Algunos profesores lo ponen siempre de ejemplo. No es mal tío, pero sólo deja copiar los ejercicios si no ponen nota o no hay que entregarlos. Muchas veces en los patios se queda sentado debajo de un árbol para repasar. Y no es que no se lo sepa; lo hace para “asegurar”. Tirria, lo que se dice tirria, nadie se la tiene... pero tampoco tiene amigos de esos que te defienden y dan la cara por ti. Todos los años empieza siendo el Delegado de curso porque los primeros días lo elige el tutor. Pero en cuanto hay votaciones, no sale ni siquiera de vocal. Muy popular desde luego no lo es, por mucho que Peris se empeñe en hacerle la propaganda.

Sebas aún se acuerda del día que el señor Peris colocó en la arpillera de la clase un póster de Pedro Duque, el español que fue a la Luna, y les dijo con aquella voz grave y engolada: “Quiero que todos en esta clase seáis un Pedro Duque, que seáis los primeros en todo lo que os propongáis. Aquí tenéis un ejemplo –dijo señalando a Víctor, que se había puesto como un tomate- Seguid sus pasos”.
La que se armó. Todos muertos de risa excepto Víctor, claro. A Juan le dio como una especie de ataque y se cayó de la silla. Alexia mofándose y la despistada de Lore preguntando “¿pero se puede saber quién es Pedro Luque?”. Y Alexia... “Duque, tonta, que se llama Duque, que no te enteras de nada”. Y Lore... “la tonta serás tú, que no sé quién te has pensado que eres”. “Eso; dale caña, Lore”. César solía reengancharse a cualquier discusión y hacía tiempo que se la tenía jurada a Alexia

-¡Basta! ¿Habéis oído? ¡¡¡He dicho que basta!!! -gritó el Señor Peris- Tú, César, fuera de clase. Y tú, Lore, para mañana una redacción sobre Pedro Duque. ¿Entendido?

César se levantó de la silla haciendo todo el ruido que pudo y salió de clase dando un portazo. El tal Pedro Duque sería un crac, pero a partir de entonces su prestigio ante los alumnos quedaba en entredicho, no por nada, que la culpa la tenía Peris. Todo lo que tocaba lo chafaba. Es obvio que al día siguiente al personaje del póster le salieron cuernos, barba de chivo y todo lo que un alumno puede pintarrajear cuando alguien se le atraganta.

- ¿Ya has terminado, Peñas? – Peris devuelve los pensamientos de Sebas a la dura realidad de la clase de lengua- Qué poco te ha cundido el verano. Tú verás, pero con esta miseria de redacción no vamos a ninguna parte. Haz el favor de esforzarte un poquito más y repasa las faltas, que tienes muchas.

Se ha acabado la buena vida; las faltas, la caligrafía, escribir recto sin pauta. Lo de siempre. Para bien o para mal, con ganas o sin ganas, el curso ha empezado y quedan aún nueve meses para las siguientes vacaciones de verano. Sebas se marea sólo de pensarlo. ¡Nueve meses! Porque con las Navidades y la Semana Santa no se puede contar; son muy pocos días y ya se encargan algunos profesores de hincharlos a deberes para que no “olviden” el colegio.
Cuando suena el timbre del cambio de clase y Peris recoge sus cosas, las mete en la maleta –estrena una de piel, como la del director pero más grande- y se va a dar la paliza a otra parte, todos respiran. No da ni tiempo a ponerlo a caldo que ya entra el tutor para presentarles a una profesora nueva.
(...)

lunes, 7 de septiembre de 2009

Si te cuentan...

Si te lo cuentan... no lo dudes. Fue al ver tu fotografía. La que pegué con celo, por detrás, cuando te fuiste y la rompiste. Apedazada es más real... Es imperfecta ... como tú y como yo. Si te cuentan que sufrí tu ausencia ... no lo niegues. Sucedió cuando lavé tus sábanas y las colgué . Las secó el sol de mediodía. Y las planché... El vapor me devolvió una fragancia antigua. Si te cuentan que las agarré y me tapé con ellas... no creas que enloquecí. Es una forma de creer que aunque no estabas algo de tu piel quiso quedarse aquí... el lugar donde, un día u otro, volvemos para repararnos. Como los barcos regresan a la dársena.

Si te cuentan ... vuelve a contarte todo lo que te conté. Vuelve para contarme cómo te fue. Si ese cuento que leíste te sirvió y pudiste navegar sin rumbo, sin mapa, sin brújula, sin capitán, sin grumete, sin víveres, sin agua... a la deriva, con frío, con hambre y con sed.

Si te cuentan que estoy todas las noches en el zaguán, con una vela encendida, es porque espero tu regreso. Sé que lo harás. Algún día. Mientras, la vela sigue encendida.