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domingo, 26 de diciembre de 2010

Corresponsal... FELICES NAVIDADES


Es un niño-grande que aún cree que en Navidad se puede recuperar la ilusión de la infancia. El niño-grande hace días que sueña que es 24 por la noche y colocarán a Jesús en el pesebre. Ha convencido a su hermana pequeña para que el 25 recite un verso después de comer. No lo tiene claro; la moco de la casa suele rajarse en el último momento. Pasó toda la mañana del 22 –el de la lotería, que a ellos nunca les toca – revolviendo en el trastero, buscando panderetas y zambombas. Esta semana se ha puesto pesadísimo porque no encontraba ningún CD de villancicos. Al final fue el abuelo quien le dio cuatro cuartos para que se comprase uno. Después buscó la ayuda de Mr. Google para recopilar las letras. Hizo copias para todos.

Ayer se reunió la familia. Llegaron en cuenta gotas. “¡Feliz Navidad!”. La mesa estaba de foto. El centro adornado con piñas naturales, una cuantas bolas plateadas en un cenicero tan grande que parece una cazuela. La abuela sacó los cubiertos de plata y la vajilla de fiesta. El tió se portó bien: turrones de jijona, botellitas de chocolate, bombones, piñones... y una sorpresa para cada uno. Siempre se hace tarde. Y la abuela a recalentar el caldo. Parece mentira lo que cuesta sentarse en la mesa, sobre todo los más pequeños: hay que ponerles dos o tres cojines para que no se les caiga la sopa encima.

¿Ya están todos? Uno, dos, tres... ocho, nueve, diez... doce , trece... Sobra una silla y unos cubiertos y unos platos y una servilleta. La abuela ha contado mal. “¡Abuelaaaaa!, ¡que sobra una sillaaaaa!”.

El abuelo y el niño-grande intercambian una mirada de complicidad. Hay una figura del Belén que conoce la intención de este hombre con alma de niño; sabe que le cuesta hablar en público y que este año quiere aportar su grano de arena. Hace tiempo que quiere hacerlo. Se va a tragar la vergüenza y este año sí.... de este año no pasa. El niño-grande se levanta. Colorado hasta las orejas. El abuelo le echa un capote y pide silencio. “Esta silla no sobra”. Todos las miradas están pendientes de las palabras, del gesto , del personaje más tímido de la casa que sigue de pie. Traga saliva y respira hondo. “Esta silla vacía está preparada para muchas personas. No las he podido traer porque no caben. Pero les he guardado un sitio para que no las olvidemos. En este hueco querría sentar a todos los que no podrán pasar las Navidades como nosotros. No comerán pavo o capón o langostinos o lubina a la sal ... o la sopa de la abuela. Nadie les regalará nada. Algunos lo pasarán en un hospital. Otros no recibirán postal ni SMS. No tendrán muchas cosas que parecen normales y que ya no valoramos. Tal vez ni siquiera puedan resguardarse del frío…”

En el comedor solo se oye la respiración de los mayores y el ruido de cubiertos de los pequeños. El niño-grande no quiere largar un sermón... únicamente pretende que la alegría de la Navidad no sea hueca como un globo que se pincha con un simple roce; que la comida tan rica que la abuela lleva preparando hace días no acabe como el rosario de la aurora, poniendo verde al fulano de tal que fíjate... y zutano de cual que mira por dónde... El niño-grande sólo pide que al menos durante unas horas el pensamiento de los que están sentados en la mesa sea “Paz a todos los hombres de buena voluntad”. No lo dice él; lo dijo el ángel cuando anunció a los pastores la Noticia.

De repente sale del comedor. En todas las casas hay quien se mofa hasta de la sombra que pisa y esta gran familia no va a ser la excepción. “¡Mira tú este! ... el abogado de las causas perdidas... ”. Ni tiempo de que alguien le siga el juego que el niño-grande ya ha regresado. Trae un sobre lleno de papelitos. Los saca de uno a uno. Los lee despacio y los va dejando en la silla vacía. “Los que no tienen casa”. “Los que viven en países en guerra”. “Los que están solos”. “Los inmigrantes que no se han podido reunir con su familia”. “Los enfermos”. “Los que hoy también trabajan”.... En el comedor de la abuela no cabe un alfiler. En la silla vacía se han sentado miles. Y han estado presentes en la reunión familiar ...

El esfuerzo del niño-grande no fue baldío. Ayer la comida supo a Gloria. Bueno... la pequeña se rajó. Entraba dentro de los cálculos. Y tuvo que recitar el verso el personaje que vació su corazón para que el corazón de los suyos pudiera llenarse. Un peculiar corresponsal que quiso cubrir una noticia tan vieja, tan nueva: el nacimiento del Niño Dios. El abuelo, el maestro-abuelo jubilado, que se las sabe todas, le pasó un libro de tapas muy gastadas. “Este. Recita este… de Góngora… que es precioso. ” .


“Cuando el silencio tenía

todas las cosas del suelo

y coronada de hielo

reinaba la noche fría,

en medio de la monarquía

de tiniebla tan cruel,

caído se le ha un clavel

hoy a la Aurora del seno.

Qué glorioso que está el heno,

porque ha caído sobre él!”

¡FELICES NAVIDADES!

 
Otro corresponsal.  Mi hermanillo desde Torreciudad...

viernes, 5 de noviembre de 2010

Un inciso. Bienvenido, Santo Padre.

El lunes 18 de abril de 2005, en la Capilla Sixtina, el arzobispo Piero Marini pronuncia el 'Extra omnes'. Comienza el Cónclave. Los periodistas aceptan el mutismo pero no renuncian a las conjeturas. 'Extra omnes'; fuera todo, fuera los hombres... ahora es el Espíritu Santo quien actúa. Los purpurados, hombres también, se disponen a dejar fuera el diálogo humano para centrarse en el diálogo divino. Pesa sobre su conciencia la elección del sucesor de Pedro, la Piedra sobre la que Cristo edificó su Iglesia.

El martes 19, Fumata Blanca y el anuncio a las 18.43 del Habemus Papam: Joseph Ratzinger.

A partir de este momento, comentarios de toda índole acaparan los medios. Para muchos es el Papa, para otros el que lidera el ala conservadora del Colegio Cardenalicio, también el más docto... o el más intransigente. ¿Será capaz de afrontar los retos a los que se enfrenta el mundo en el tercer milenio?

Si me lo permiten, me gustaría transcribir algunas palabras pronunciadas por Benedicto XVI en la concelebración eucarística con los cardenales. Detrás de la palabra podemos vislumbrar al hombre que le ha sido encomendada una tarea que trasciende al propio hombre. Un hombre en el que «conviven dos sentimientos encontrados»: «un sentimiento de incapacidad y de humana turbación y una profunda gratitud a Dios (...) que no abandona su rebaño, sino que lo conduce a través de los tiempos bajo la guía de aquellos que Él mismo elige como Vicarios de su Hijo y los constituye en pastores». El «No tengas miedo» de Juan Pablo II que Benedicto XVI hace suyo, evocando los «ojos sonrientes» de su predecesor, quizá asombre a algunos. “La Providencia divina”, “sorprendiendo toda previsión mía”, abruma al Cardenal de Hierro -como machaconamente se le ha denominado-, que se siente un instrumento poco válido, con defectos, con limitaciones... como cualquier hombre. Pero es un hombre de Dios y en Dios confía. «A Él pido que supla la pobreza de mis fuerzas, para que sea valiente y fiel pastor de su rebaño».

Tal vez es ésa la extraordinaria cualidad del hierro: dejarse moldear con el fuego que prende el Herrero hasta alcanzar la forma que Él desea. Y el Artesano espera a que el hierro se enfríe para que permanezca fuerte y fiel a la figura creada. Ya no es Ratzinger; es Pedro. «Si es enorme el peso de la responsabilidad que se vuelca sobre mis pobres hombros, más inmensa es la potencia divina con la cual puedo contar».

Mi pequeña aportación... pequeña y más propia de un rumiante. Supongo que recordáis su primera Encíclica: Deus caritas est (Dios es amor). Para mí fue una "bomba". "El asunto va al revés, Sunsi", pensé. Dios es Amor. El Papa remarcó que Dios nos amó primero. Mientras escribo estoy escuchando al Santo Padre...  "Dios nos abraza"... Este es el mensaje que se me ha quedado grabado a fuego. Dios me ha amado primero... mucho antes de que existiera, me ha creado así y me quiere así... Luego es Dios el que me da todo para amarle y amar a los demás. Desde entonces me imagino al cristiano como unas manos desnudas y abiertas, muy abiertas para recibir  y unos labios  sinceros para pedir... Desde entonces he aprendido (gracias a Dios), poco a poco, que no es tanto lo que hacemos por Dios sino lo que dejamos que Dios haga con nosotros. Puede parecer un poco impúdico. Disculpad esta confidencia que ahora deja de serlo. Pero es que yo a este Papa le debo un cambio de 180º en la forma de enfocar la fe. Jamás se lo podré agradecer bastante. Porque después de este cambio el rastro que dejó fue Paz.

Y el Papa está en España: hoy en Santiago como peregrino y mañana en Barcelona para consagrar “La Sagrada Familia”. El líder espiritual de millones de personas de este Planeta visita mi País.

Espero que quien no lo espera lo haga con respeto, con la tolerancia que se pide para según qué. Porque este otro según qué, la llegada de Benedicto XVI, es para muchos el Santo Padre. Mi deseo es que pueda palpar las muestras de cariño de los que sí lo esperamos.

domingo, 3 de octubre de 2010

El refranero en la cocktelera

Hace tiempo encontré en internet el mayor compendio de cápsulas de sabiduría que jamás había visto. Los proverbios siempre dan qué pensar. Los imprimí y los revisé, con calma. De esa “lluvia de ideas” traslado a la pantalla unas cuantas gotas de pensamiento con las que refrescarnos y retener unos instantes ese “tempus fugit”, que parece una apisonadora y nos persigue allá donde vamos.


Algunos van como anillo al dedo para los que este próximo año cumplen (cumplimos) los 40 o los 50 o cualquier número redondo que hace que nos sintamos mucho más viejos.
*"A medida que el cocodrilo se arrastra, sus escamas toman dureza".
*"Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente".


Y los que hacen referencia a la “viperina” no tienen desperdicio; últimamente parece que el más agudo es el que mejor domina el arte del insulto. Además del manoseado "antes de hablar, cuenta hasta mil"...tomemos nota de los que siguen:
*"No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio".
*"Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos".
*"Quien sabe adular, sabe calumniar”.


¿Y cuando las cosas se nos tuercen ...o las torcemos?. Para eso también hay recetas.
*De entrada, "Los que no hacen nada nunca yerran" (Théodor de Banville).
*Pero además..."No es grande el que siempre triunfa, sino el que jamás se desalienta".
*"No rectificar un error es cometer otro error".
*"Sólo los imbéciles no se contradicen nunca".
*"Tener miedo al fracaso es como suicidarse por miedo a morir".
*"Todo progreso es un error constantemente rectificado";
*"Se llama experiencia a una cadena de errores” (Jardiel Poncela). *"Vale más errar creyendo que errar dudando”(Amado Nervo).
*"Si no te equivocas de vez en cuando es que no te arriesgas" (Woody Allen).




Luego... si ya sabemos que equivocarnos es el pan nuestro de cada día...
*"Lucha ahora o muere mañana"(el revolucionario).
*"Me prepararé y algún día tendré mi oportunidad” (A. Lincoln).
*"No hay peor lucha que la que no se hace" (dicho mejicano).
*"¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo?" ( Van Gogh).


También los hay para los que miran a su alrededor y no encuentran a nadie.
*"No estás solo; extiende tu mano".

El que la extiende y agarra la nuestra, ése es el amigo. Unas recomendaciones para tenerlos y no perderlos.
*"No hay riqueza tan segura como un seguro amigo" (Luis Vives)
*"No abandones al amigo antiguo: el nuevo no valdrá lo que aquél". *"Amonesta a los amigos en secreto, alábalos en público".
*"Sé lento en adquirir amistades, pero sé constante en conservarlas". *"Un amigo es como la sangre, que acude a la herida sin que la llamen".
*"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de todo te quiere"( Elbert Hubba ).
A cambio, sólo pide una cosa:
*"Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite" (Dr. Jeckyl).

Querría terminar con alguno agradable, que nos haga sentir bien. Hay tantos que te vuelves loco buscando el más adecuado. Por fin descubro uno muy alentador:
"El Señor prefiere gente corriente; por eso ha hecho tanta" (A. Lincoln).
...es un alivio.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Deseos y esperanza


Me lo envió Miriam. Y lo guardé en la carpeta que lleva por nombre “Miriam”. Hace mucho que no la veo. Nos comunicamos por correo electrónico. Ella no escribe nunca “Hola, ¿cómo estás?... ¿qué tal te va?...” y toda la retahíla de lugares comunes; me manda escritos, historias para pensar. Son el termómetro de la fiebre que tiene la sociedad, de lo que anda bien o anda mal y de lo que pasa por su cabeza. Y no hace falta nada más. Nos entendemos así. Como aquella vez que me regalaste Para nacer he nacido, de Pablo Neruda. No sé si te acuerdas. Compartimos el último tramo del B.U.P- de letras puras- y los años de universidad, las tertulias pseudoliterarias, pseudofilosóficas, pseudo-lo-que-fuera. “No en sabíem més”, como dijo Serrat, aunque teníamos más que 15 años. Nos unía un lazo que no se ha rasgado todavía: cambiar el planeta y sus aledaños.



Soplaban entonces vientos de libertad, un poco real y un poco inventada. El mundo –no podría ser de otra manera- debería gobernarlo gente honesta, gente que luchara por la gente y se fiara de la gente. Tampoco hace tanto de esos sueños... Supongo que por eso Miriam me mandó este poema, escrito -o recuperado- por un alumno. No sé si es cierto, pero quiero pensar que es un alumno que te ha entendido. Un alumno al que le has transmitido tu talante abierto, tu seguridad en pocas cosas pero rectas y todo lo que pones en tela de juicio. Felicita a tu alumno. Felicidades también a todos los buenos alumnos de la tierra. Que los hay. Que no son pocos a pesar de que últimamente se dejan notar poco. A todos los alumnos de la tierra que, como el de Miriam, estudian y aprenden para aportar algo a la sociedad. Dile que este poema, sea de quien sea, es brisa de aire fresco, sin contaminar; que me ha servido y, probablemente, también a algún lector de esta columna.



“Te deseo primero que ames, / y que amando, también seas amado. / Y que de no ser así seas breve en olvidar / y que después de olvidar, no guardes rencores....” El perdón. Que las heridas sin perdón se hacen costra. Cada vez que la arrancas sangran y se vuelve a hacer costra. Costras que impiden que volvamos a amar.



“Te deseo que tengas amigos (...) Y porque la vida es así, / te deseo que tengas enemigos. / Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, / para que, algunas veces, te cuestiones / tus propias certezas (....) Y que entre ellos / haya por lo menos uno que sea justo, / para que no te sientas demasiado seguro”. Porque nos equivocamos. Muchas veces. Más de las que querríamos. Y desde el otro lado de la trinchera las equivocaciones se ven más. Desde allí nos pueden llegar las ráfagas de nuestros desaciertos. Y no por venir del otro lado son menos verdad.



“Te deseo además que seas útil, / mas no insustituible...” Caminar marcando el camino, sin borrar las huellas para que otros lo tengan más fácil. Pasar... o dejar paso si otros pueden ir más deprisa. Y saber seguir las huellas que, esta vez, han dejado los otros. Son tan buenas, tan valiosas como las nuestras.



“Igualmente, te deseo que seas tolerante, / no con los que se equivocan poco, / porque eso es fácil, sino con los que / se equivocan mucho e irremediablemente...” Que el respeto sea un principio universal, como la ley de la gravedad. Un único punto de apoyo: las personas. Una única palanca: la comprensión. Una única fuerza: la paz.



“Te deseo que siendo joven/ no madures demasiado deprisa, / y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, / y que siendo viejo no te dediques al desespero...”. La dignidad de lo que somos, de amarnos como somos y en cada momento que somos. Con la piel suave o arrugada; erguidos o gibosos. El tejido del alma ... frágil en la juventud, recio en la madurez, inquebrantable en la vejez.



“Te deseo de paso que seas triste. /No todo el año, sino apenas un día. / Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena...” Con tu permiso, alumno-poeta, cambio el ser por el estar y la tristeza por la pena. La pena, el sufrimiento real que no impide sonreír. El sufrimiento que nos despierta del letargo y nos invita a entender y a suavizar las penas de los demás.



“Te deseo que descubras, / con urgencia máxima, por encima /y a pesar de todo, que existen y que te rodean, seres oprimidos, / tratados con injusticia y personas infelices” . Si abrimos los ojos es imposible no ver. Y si vemos –miramos-, es mezquino no hacer nada o hacer poco o hacer con el tiempo que nos sobra.



“Si todas estas cosas llegaran a pasar, / no tengo nada más que desearte”.



Si un joven estudiante es capaz de desear tanto y tan bueno, cabe la esperanza. ¿No les parece?.

jueves, 15 de julio de 2010

Desde la forzada inmovilidad


Decidido. Cojo los bártulos y me voy lejos... a una bucólica 'casa de la pradera' donde se pueda reinventar un mundo 'habitable'. ¿O es que a nadie le ha dado jamás un viento parecido? Y tengo mil argumentos para justificarme. Pero mira qué cosa que hoy me ha llegado un e-mail. Me lo manda una amiga. Es un curioso diccionario en el que se intenta descifrar los sentimientos con palabras.

Lo leo con calma. Imposible negarse a reflexionar. Me identifico con esa mano gigante que aprieta el corazón... y produce lo que el texto denomina tristeza; yo la llamo pena. Porque la tristeza es el llanto del que se mira a sí mismo; la pena es solidaria, es la resonancia personal de todas las penas de la humanidad, incluidas las de uno. Pues hace tiempo que cierro el periódico con pena; desenchufo la televisión con pena; cambio una emisora de radio con pena. Y siempre me asalta una duda: ¿podría haber hecho algo más o algo diferente? Demasiadas veces acabo el día con poco peso en las manos. Probablemente es en esos momentos cuando se engendra la lucidez. Llega como un acceso de locura vuelta del revés, como un espejo empañado por el yo-mí-me-conmigo que le sacas la porquería y te devuelve la imagen sin distorsionar, tal cual, descarnadamente sincera. La lucidez parece que emerge cuando se toca fondo. Entonces el sentimiento empieza a palpitar mucho más despacio y se acompasa con el latido de la razón. La razón, que agarra por fin el comando, pone en marcha todas las potencias del ser humano. Y asoma la cabeza la conciencia, que estaba en el trastero, medio ahogada por una montaña de cacharros inservibles.

Cuando la conciencia despierta de una amnesia transitoria, ¿qué hago? ¿Le pego un manotazo o me levanto a buscarla? A saber qué querrá. Pues me levanto... como la escena del Club de los poetas muertos que hicieron hace poco en la tele... «Oh, Capitán, mi Capitán». !Menudo ridículo! ¿Y si no se levanta nadie más? !Fijo que no se levanta nadie más! ¿Y? ¿Es éste un motivo de peso? Es que ya vale de permanecer sentados. Hay muchos motivos para levantarse y caminar hacia alguna parte. Existen sangrantes razones. !Levantarse! Para denunciar el acoso y las humillaciones que sufren los más débiles en la escuela y puedan sacar la nariz tantos jóvenes con valores que se ríen -como mucho- de su propia sombra... Para escarbar hasta encontrar un lugar digno donde puedan habitar los que no tienen qué llevarse a la boca y agonizan en cualquier punto del planeta... o en las aguas del Estrecho. Para cavar la tierra con las «dentelladas secas y calientes» de Miguel Hernández hasta descubrir por qué compensa apostar por la bondad, aunque alguna vez nos las den con queso... Para parar el afán incontrolado de invadirnos unos a otros con bombas que matan los cuerpos y con leyes que matan las almas... Para que nadie sea para nadie un mero objeto de usar y tirar, un simple medio para conseguir un fin... Para podar lo que haga falta hasta que la raíz tenga tanta fuerza que pueda brotar el fruto ancho y fecundo del respeto al otro, sin escatimar ni un ápice del respeto que reclamamos para nosotros mismos...

Y cuando el día baja el telón, la conciencia asoma la cabeza entre los restos del decorado. El público ha abandonado la sala. Tal vez resuenen todavía en los oídos los aplausos o los abucheos. La función no siempre es un éxito... Lo que cuenta es si me he levantado... -«!Oh Capitán, mi Capitán!»- o si he permanecido con los ojos cerrados, desparramado en el sofá, soñando con un mundo que no existe. Y por el que no hace falta mover un dedo.

(artículo viejo... que renuevo hoy después de hartarme de noticias, leyes, dirigentes... que me devuelven las ganas de reinventar el mundo)

No os lo toméis al pie de la letra. Lo escribí con el hígado.



jueves, 8 de julio de 2010

El Ocio Creador


Dejo un viejo artículo que he releído y me ha traído buenos recuerdos. Y me ha servido. Espero que a vosotros también. Ahora no recuerdo si ya lo había colgado. Si es así, disculpad.

No quisiera caer en el tópico de que en Septiembre nos reponemos del estrés de las vacaciones. Pero cuando el río suena, agua lleva. Nos preocupa tanto llenar el tiempo libre que cualquier cosa sirve. No, no lo conseguimos. Pretendíamos descansar y otra vez se nos olvidó que llevábamos la quinta puesta. Nos cuesta reducir la marcha. Nos esforzamos tanto en “desconectar” y “cargar pilas” que acabamos agotados. ¿Es posible que no sepamos exactamente en qué consiste descansar?. No sería extraño que ésa fuese la causa del denominado “síndrome postvacacional”.

Hacer y hacer . He aquí la cuestión. El “dolce far niente” no está tan mal si le damos la vuelta y lo convertimos en ocio creador. Hay muchas maneras de parar, de dejar de “producir” para dedicarnos a trabajar el ser. Lo único que necesitamos es olvidarnos durante un mes de algunas horas de televisión, echar las prisas en el contenedor de la esquina y buscar ese oasis de paz que todos llevamos dentro y no hemos sabido descubrir.

¿Cuál fue la última vez que reservamos un “palco” para presenciar el espectáculo de un atardecer de verano?. Esos instantes, cuando el sol se retira porque ya ha cumplido su misión, son el mejor momento para triturar las tensiones, propias y ajenas, lanzarlas al aire... que se las lleve la brisa y queden definitivamente enterradas en el ocaso. Quizá tampoco recordemos la última vez que nos tumbamos en la hierba, envueltos por la sombra de un árbol, y viajamos en el vagón de un buen libro... Y conocimos a esos nostálgicos personajes que se nos colaban en el alma, con sus historias inventadas y vueltas a inventar. ¿Y madrugar... para pasear?...con los primeros rayos de luz por la orilla del Mediterráneo, sintiendo –notando- cómo las olas atrapan la planta de los pies. Una amiga me envió un decálogo que decía, entre otras cosas, que “el placer ( el contacto con la arena mojada) recompensa más que el sueño”. ¿Y aquella vez - ¡buf!...hace tantos años- que nos escapamos del ruido para escuchar el silencio?. El silencio. “Después de la palabra, la segunda potencia del mundo”, decía Lacordaire. Se puede intentar de nuevo y recuperar los tesoros que nos tiene reservados. Y hacer del silencio una necesidad para saber encontrar en el futuro pedazos de silencio todos los días. El silencio DICE, el silencio HABLA... dentro. Si escuchamos, posiblemente resolvamos más de una incógnita. Y quizá los tiros del tan ansiado reposo veraniego vayan por ahí.

Cambiar durante un tiempo el frenético hacer por el cultivo sosegado del ser. ¿Recordamos cuándo fue la última vez que nos dedicamos sencillamente a contemplar?. Nuestra retina absorbe todo lo que le ponemos delante; hace fotografías y las clasifica en el álbum de la vida. ¿Por qué no buscar lo que la naturaleza nos ofrece, todo lo que aún no hemos sido capaces de destruir con nuestras manos torpes y nuestra inteligencia limitada?.

La Belleza, la Bondad, el Bien que se ocultan en las pequeñas cosas ...son gratis, nos permiten soñar con los ojos abiertos y nos regalan el mejor descanso. ¡Felices vacaciones!

(Espero recuperarme de un problema de colon que me impide caminar por la arena ... De todas formas soy afortunada:  puedo ver el mar... e imaginar que puedo sumergirme y pasarme horas combatiendo el calor)

Una buena canción.Sugerencia de Sarracena.




Quizá el baile en condiciones de Driver también tenga que ver con el Ocio creador. Pensándolo de oficio... rotundamente sí. Gracias, camarada.

lunes, 12 de abril de 2010

Cuando llegan las notas..

La naturaleza sufre una profunda transformación; los días son más largos, la luz se muestra con una intensidad distinta, la vegetación parece despertarse de su letargo invernal. Es primavera. ¡Cuánto apetece dar un paseo o, simplemente, holgazanear! Pero el final de curso está a la vuelta de la esquina. Pronto llegan las notas ... definitivas. “¡Niño, estudia!”...,” “¿Qué examen tienes mañana?”...

Ahora nos entran las prisas. Y afloran dos identificaciones muy arraigadas: nuestros hijos son, por encima de todo, estudiantes; el buen estudiante saca buenas notas. ¿Me permitís un pseudosilogismo? Luego... un buen hijo es el que saca buenas notas. Expresado así, parece una aberración. Pues no tanto. Seamos sinceros. ¿Cuántas veces premiamos sólo los éxitos académicos y olvidamos su esfuerzo diario? ¿O no es cierto que lo que valoramos es “el diez” en lugar de apoyarles, día a día, para que rindan al máximo según sus posibilidades? En el fondo –y en la forma- el problema es esa tendencia al reduccionismo, que sólo se resuelve si nos replanteamos hasta qué punto es importante la familia.

La familia -en teoría- es el único ámbito de la sociedad donde deberíamos ser apreciados también con nuestros defectos. En la familia deberíamos “caber” todos; deberíamos sentirnos orgullosos por cada pequeña victoria de cualquiera de sus miembros y cerrar filas alrededor del que sufre un fracaso... porque nuestro vínculo es el amor. En la familia, en casa, nadie es más importante que nadie; nadie es el modelo de nadie; nadie se compara con nadie. En casa, todos triunfamos; y si no, siempre hay otra oportunidad. Nuestros hijos, además de estudiantes, son hermanos, nietos, amigos de... que comparten su tiempo libre, colaboran en casa, hacen deporte... Un hijo es mucho más que un “cerebro con patas”; es un ser irrepetible en el que se integran cuerpo, afectos, intelecto. El estudio no es un fin en sí mismo, es un medio para adquirir conocimientos y asimilarlos, para crecer en virtudes y ponerlas en juego, para ser mejor persona.

“Bien, como teoría está bien ; pero a la hora de la verdad lo que cuentan son las notas.” “¿O no?”... Pues sí y no. Las notas son la consecuencia lógica del trabajo bien hecho. No obstante, cabría hacer dos precisiones:

1.- El mismo listón no sirve para todos porque no todos están dotados del mismo potencial intelectual ni de las mismas destrezas en todas las asignaturas.

2.- A veces los resultados positivos se hacen esperar porque están aprendiendo el propio proceso de aprendizaje. Para poder estudiar, han de saber estudiar. Y eso lleva su tiempo. Y cada estudiante tiene el suyo.

Valdría la pena saber qué podemos exigir a nuestros hijos y esforzarnos por crear un clima de comprensión, sin el cual la propia exigencia se vacía de contenido para convertirse en disciplina de cuartel. Deberíamos transmitirles que lo que cuenta es el empeño y la constancia muy por encima de los resultados...y que los resultados llegan con empeño y constancia; que el estudio es un verdadero trabajo y no un simple trampolín para la fama.

Aún podemos rescatarles de otro reduccionismo muy pegado al anterior y muy común en nuestra sociedad de consumo: tanto tienes, tanto vales.




viernes, 25 de diciembre de 2009

CORRESPONSAL DE LA PAZ



Es un niño-grande que aún cree que en Navidad se puede recuperar la ilusión de la infancia. El niño-grande hace días que sueña que es 24 por la noche y colocarán a Jesús en el pesebre. Ha convencido a su hermana pequeña para que el 25 recite un verso después de comer. No lo tiene claro; la moco de la casa suele rajarse en el último momento. Pasó toda la mañana del lunes –el de la lotería, que a ellos nunca les toca – revolviendo en el trastero, buscando panderetas y zambombas. Esta semana se ha puesto pesadísimo porque no encontraba ningún CD de villancicos. Al final ha sido el abuelo el que le ha dado cuatro cuartos para que se comprase uno. Después ha entrado en varias páginas de internet para recopilar las letras. Y ha hecho copias para todos.


Hoy se reúne la familia. Llegan en cuenta gotas. “¡Feliz Navidad!”. La mesa está de foto. Dos velas, una en cada punta. El centro adornado con piñas naturales, una cuantas bolas plateadas en un cenicero tan grande que parece una "perola". La abuela ha sacado los cubiertos de plata y la vajilla de fiesta. El tió se ha portado bien: turrones de jijona, botellitas de chocolate, bombones, piñones... y una sorpresa para cada uno. Empieza a hacerse tarde. Ya van dos las veces que la abuela calienta el caldo. Parece mentira lo que cuesta sentarse en la mesa, sobre todo los más pequeños: hay que ponerles dos o tres cojines para que no se les caiga la sopa encima. ¿Ya están todos? Uno, dos, tres ... ocho, nueve, diez... doce , trece... dieciséis... Sobra una silla y unos cubiertos y unos platos y una servilleta. La abuela ha contado mal. “¡Abuela!, ¡que sobra una silla!”.

El abuelo y el niño-grande intercambian una mirada. Éstán compinchados. Hay una figura del Belén que conoce la intención de este hombre con alma de niño; sabe que le cuesta hablar en público y que este año quiere aportar su grano de arena. Hace tiempo que quiere hacerlo. Se va a tragar la vergüenza y este año sí.... de este año no pasa. El niño-grande se levanta. Colorado hasta las orejas. El abuelo le echa un capote y pide silencio.

“Esta silla no sobra”.Todas las miradas están pendientes de las palabras, del gesto, del personaje más tímido de la casa que sigue de pie. Traga saliva y respira hondo. “Esta silla vacía está preparada para muchas personas. No las he podido traer porque no caben. Pero les he guardado un sitio para que no las olvidemos. En este hueco querría sentar a todos los que no podrán pasar las Navidades como nosotros. No comerán pavo o langostinos o lubina a la sal... o la sopa de la abuela. Nadie les regalará nada. No recibirán postal ni SMS. No tendrán muchas cosas que parecen normales y que ya no valoramos.”


En el comedor sólo se oye la respiración de los mayores y el ruido de cubiertos de los pequeños. El niño-grande no quiere largar un sermón... sólo pretende que la alegría de la Navidad no sea hueca como un globo que se pincha con un simple roce; que la comida tan rica que la abuela lleva preparando hace días no acabe como el rosario de la aurora, poniendo verde al fulano de tal que fíjate... y zutano de cual que mira por dónde... El niño-grande sólo pide que al menos durante unas horas el pensamiento de los que están sentados en la mesa sea “Paz a todos los hombres de buena voluntad”. No lo dice él; lo dijo el ángel cuando anunció a los pastores la Noticia.


De repente sale del comedor. En todas las casas hay quien se mofa hasta de la sombra que pisa y esta gran familia no va a ser la excepción. “¡Mira tú éste! ... el abogado de las causas perdidas... ”. Ni tiempo de que alguien le siga el juego que el niño-grande ya ha regresado. Trae un sobre lleno de papelitos. Los saca de uno a uno. Los lee despacio y los va dejando en la silla vacía. “Los que no tienen casa”. “Los que viven en países en guerra ”. “Los que están solos”. “Los inmigrantes que no se han podido reunir con su familia”. “Los enfermos”. “Los que hoy también trabajan”. En el comedor de la abuela no cabe un alfiler. En la silla vacía se han sentado miles, presentes en la reunión.


El esfuerzo del niño-grande no ha sido baldío. Hoy la comida sabe a gloria. Bueno... la pequeña se ha rajado. Entraba dentro de los cálculos. Y va a tener que recitar el verso el personaje que ha vaciado su corazón para que el corazón de los suyos pudiera llenarse. Un peculiar corresponsal que ha querido cubrir una noticia tan vieja, tan nueva: el nacimiento del Niño Dios. El abuelo, que se las sabe todas, le pasa un libro de tapas muy gastadas. “Éste. Recita éste, de Góngora, que es precioso. ” .

“Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo
y coronada de hielo
reinaba la noche fría,
en medio de la monarquía
de tiniebla tan cruel,
caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno.


Qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!”



No querría dejarme a nadie. El artículo es ya viejo y va dedicado a vosotros... amigos nuevos que este blog me ha regalado y otros que ya estaban. No voy por orden. Porque todos os merecéis estar en primer lugar. No obstante, le doy la preferencia al Inquilino... ¡¡¡Feliz Navidad!!!...

Diego/Driver/Inquilino Mayor de la República,
Pepa/Sarracena/hedbana onomatopéyica,
Ana de León/ hedbana Anadiminuta,
Aurora/ hedbana-casi nunca-pastoril,
lolo/ hedbana pardilla,
Carmina/ Osa-posa,
Mireia/ Gran hedbana, la Reina de la Conga,
Modestino/ Jurisconsulto con memoria de elefante,
Blanca de Navarra/ y cía, con especial cariño a "Joui"
Frank/ Jurisconsulto y más cosas,
Luisa/ La Fuguilla del Sur,
Alemamá/ tan lejos y tan cerca
Bego/..simplemente Bego,
Eulàlia/ Mi prima del alma,
Rocío/ Princesa de lo mares,
Antonio Azuaga/.. siempre de imaginaria,
Alfonso/.. que no sé dónde anda. Igual se ha apuntado a una banda musical,
Xavier G./ Un hombre y una pasión: la educación,
Patri/ Y mañana más...,
Bonas/y sus ideas para educar,
Ramón/ y su selección de libros en el país de Kokamuskes,
Almendrado/..¿dónde te has metido?,
Alejops/... que se descuelga de cuando en cuando,
Trapecista, mi querido Trapecista,
Lumroc/ que ahí está aunque se prodiga muy poco,
El padre de Toño/ ...y sus diversos pseudónimos,
Alberto/ ...ese loco que quiere cambiar el mundo,
Beatriz/ Aprendiz de todo,
Al Neri/...y su pluma viperina,
Eterno Insatisfecho/ con su eterna rebeldía,
Toñín/... que siempre dice que comentará y nunca lo hace,
Los Jesús ... ¡felicidades dobladas!

Si me dejo a alguien... perdón. Todos estaréis virtualmente junto al Pesebre de la República.

Dios os bendiga...








sábado, 12 de diciembre de 2009

Tiempo de espera.




Falta... nada. Una par de semanas… “¿Cómo hacíamos antes, que ya no me acuerdo?.” Antes... preparábamos la Navidad; nos preparábamos para el Nacimiento. La Navidad es cristiana porque el que nace es Cristo. Si la Navidad no es celebrar, revivir que Jesús vuelve a nacer, no es Navidad. Podrán ser las vacaciones de invierno; podrá ser una oportunidad de demostrar nuestras habilidades culinarias... o el buen gusto en el diseño de los adornos, del árbol; podrán ser también los días más apropiados para comprar ese capricho o el último grito en no sé qué digital. Podrá ser eso; unos días de actividad frenética, para... ¿alguien sabe para qué? Y acabamos con estrés, con malhumor, con desasosiego y con el bolsillo vacío. No, esto no es Navidad.



Estas líneas podrían titularse “Un Rincón para la nostalgia”. Pero la añoranza a secas, la que nos paraliza y nos deja anclados en el pasado, no sirve para nada. Podemos hacer algo. Podemos llenar de contenido todos los símbolos que recorren las calles como cascadas de luces amarillas, rojas, plateadas. Esta semana la Virgen María siente con más intensidad el peso del Niño en su vientre. Seguramente lo acaricia y José está agobiado porque aún no sabe si encontrará un lugar digno para que María pueda dar a luz. Es tiempo de espera. Nosotros nos adelantamos y preparamos el establo lo mejor que sabemos. Buscamos la mula y el buey, la única calefacción de la que dispondrá Jesús. Hemos ido a recoger ramas, piedras, un poco de verde. Nos resistimos a llenar un cubo con arena porque la casa se pone perdida, pero al final cedemos ante la insistencia de los más pequeños. La estrella se desplaza y va dejando una estela blanca en el firmamento. También los pastores están trabajando, como todos los días, en las montañas de corcho o en ese papel rígido que se puede moldear como uno quiera. Las ovejas están esparcidas por la superficie más llana. Siempre se nos caen. En los picos más altos, los que están más alejados de la cueva, pegamos algodón o echamos un poco de harina o los pintamos con tipex. Este año no hace demasiado frío –hace más de dos mil años quizá sí- y pensamos cómo dar más calor al pesebre. Ideamos una fórmula para que la cuna improvisada sea blanda y el Niño no eche en falta un colchón. Cogemos un poco de relleno de una caja que lleva una pegatina donde se advierte: “Muy frágil”.


¿Qué más? ¡Ah, sí! El regalo. Últimamente se nos olvida patearnos las calles del alma hasta encontrar un obsequio para el que va a nacer. Sí, es cierto que el 25 los pastores llevarán comida. Y el día 6 los Reyes obsequiarán a la Sagrada Familia con oro, incienso y mirra. Pero tantos días de fiesta a costa del Niño y ni siquiera pensar en un detalle... ¿Cómo es el Niño? ¿Qué necesita? ¿Qué puede hacerle ilusión? Caemos en la cuenta de que el Niño es Dios. Y podría haber nacido en cualquier otro lugar más confortable, pero no ha querido. Deducimos que no espera lujos ni derroches. Entonces....¿Qué le regalo al Niño? Tal vez nos dé alguna idea este precioso poema de Lope de Vega.



“Yo vengo de ver, Antón,

un niño en pobrezas tales,

que le di para pañales

las telas del corazón” .


Unas telas limpias, lavadas con reconciliaciones pendientes, con cansancios que no se notan, con esas palabras hirientes que finalmente no pronunciamos. Unas telas que, después de bregar durante todo el año, tienen algún descosido. Aún da tiempo a apañarlas con un zurcido... de solidaridad, de amor compartido. “Las telas del corazón”. Contemplando en silencio el Belén es fácil descubrir cómo repararlas. Todavía quedan un par de semanas.

Cuelgo el Tamorilero. El vilancico preferido de la casa. Es como cantar rezando o rezar cantando.


Bego... Este villancico es para ti.

lunes, 31 de agosto de 2009

Preprados, listos...¡ya!


Las carreteras que mueren en las playas están prácticamente desiertas. Los medios de comunicación ya no hablan de la ola de calor sino de lo que nos cuesta a los padres la instrucción de los hijos. El final del verano llega. Los niños, protagonistas del asunto, con ganas de volver a ver a los amigos y muy pocas de empezar a estudiar. Están desentrenados. Ha costado lo indecible mantener los hábitos de trabajo durante casi tres meses y, posiblemente, hemos perdido la batalla de controlar las horas de tele, play u ordenador. La semana discurre entre mañanas soñolientas y horarios que se resisten a ser reajustados. Cuesta levantarse temprano y acostarse cuando todavía se cuelan tímidamente por las ventanas los rayos del sol. Son los días previos al inicio del curso. Se superó el primer escollo: la letra impresa. Los libros nuevos frente a los poquísimos –o ninguno- que se han podido aprovechar. Las editoriales, por imperativo del nuevo plan de estudios han hecho el agosto en septiembre modificando ediciones. Una ofensa al sentido común. ¿Es posible que en tan poco tiempo el avance de la ciencia matemática requiera una reescritura? ¿O que Berceo haya asomado la cabeza para explicar cómo interpretar sus poemas?. Una de las consecuencias es que el aironfix está en decadencia. ¡Para qué intentar que un trozo de plástico encaje en un pedazo de papel! No da tiempo a estropear las tapas. Lo del material escolar es otra historia. Con una buena lavada y algún recosido todavía está de buen ver. Pero los diseñadores se encargan de que pase de moda. Los escaparates lucen más atractivos que nunca. Llamativos carteles anuncian La-Vuelta-al-Cole, como si los chavales tuvieran que desfilar en la pasarela Gaudí. Bolsas de deporte a juego con mochila, estuche y agenda para estrenar el flamante curso.

En las casas el ambiente se caldea. Empieza el “toma y daca” para que vuelva a salir la mochila de hace tres años, volver a usar la carpeta de hace dos y los lápices del anterior que no se han consumido. Y escarbando en el lote de objetos pendientes de revisión, descubrimos libretas que tienen hojas escritas que se pueden arrancar. Pero están muy vistas y los consumidores “bajitos” montan en cólera. Los rotuladores normales aún pintan; pero ahora se llevan los que huelen a manzana, a plátano, a melón. Y no hay ganas de esperar a los Reyes.

El calendario escolar estrena su cuenta atrás: Preparados, listos... ¡ya! Empieza una carrera de nueve meses que ha exigido un precalentamiento económico disparatado. Y se supone que la finalidad de esta movida tiene que ver ¡con el aprendizaje! No sé hasta qué punto se puede consentir que coexista la tiranía de unas modas que nos abocan a un vergonzoso e inútil despilfarro con la desnudez de los ciudadanos de los Tsunamis del mundo, de los espaldas mojadas, que lo pierden todo y sólo pueden vestirse de recuerdos .
...
Ha fallecido Don Jesús Urteaga, sacerdote del Opus Dei y amigo de mi padres. Hoy por la mañana me ha llamado mi padre. Tenía ganas de leerme las dedicatorias de Don Jesús. Menciono la de un libro, "El valor divino de lo humano". La fecha: marzo de 1961... "Tenías apenas 3 meses", me dice. "Fíjate qué breve"...
Juan...¡más!

Más. Añado ahora, Don Jesús, que tenía usted toda la razón. Humanamente podemos conformarnos. Pero Dios sí sabe que podemos tirar para arriba, colgados de sus manos. Y de Dios sí podemos fiarnos a ciegas. Gracias por su fidelidad cada vez que Dios le dijo: Jesús...¡más!

Descanse en paz.




lunes, 17 de agosto de 2009

Cadena perpetua


Mi querida amiga... Me cuesta reconocerla. Hoy le he hecho una visita al centro donde intenta sin éxito abandonar la prisión de la droga. El rumbo se le muestra distorsionado por el fantasma de los miedos que emergen por primera vez y jamás se debieron silenciar.


El pensamiento, titubeante, busca un fondo para agarrarse y el ancla se le escurre. Ya no sabe qué es lo que le sobrevive y qué es lo que se le murió. El alma ya no se le sostiene, ebria de tristeza. Tiene los ojos turbios y la mente no puede atrapar las imágenes limpias que le ofrece el único lago transparente que aún le queda en la tierra.


Esa... !porquería! ... le ha amputado los brazos de abrazar y se hiela de soledad. Le ha escondido el cuerpo jugando a un trágico pilla-pilla. Le ha robado las piernas y no puede dejar huellas cuando camina... porque no avanza. Atrás, en una lejanía que ni sabe si fue alguna vez... mil pedazos de existencia. «¿Tú la ves? No busques más. Está perdida». «Me miro y no recuerdo quién fui... no adivino quién soy». «¿Te asombra que ya no me importe seguir siendo?».


La suya es una historia, como tantas, que se emborronó cuando la vida se le mostraba con toda su hermosura y todas sus miserias, a partes iguales. Tuvo lo necesario de lo que se puede pesar. Pero le faltó un «sí, adelante» o un «no, por ahí no». «Mírame a los ojos... ¿hablamos?». Sufrió alguna fractura cuando avanzaba cuesta arriba; tuvo que roturar alguna senda; fracasó alguna vez. ¿Y quién no? Pero el día preciso, a la hora precisa, no había nadie que le abriera una puerta para mostrarle a tiempo el primer error, sin tapujos ni dramatismos; tampoco quien le indicara la rendija de la ventana por donde se cuela el perdón, por donde los fallos pueden salir y entrar sin que te marquen el tíquet con una derrota. Y se empezó a deshilvanar girando sobre sí misma.


Una andadura sin heridas de guerra interior, sin lañas, sin los rasguños que señalan los intentos repetidos de abrirse paso entre las zarzas de la personalidad. Se instaló en un ecosistema cerrado y nauseabundo, pero le contaron que así es el aire puro que se respira más allá de las estrellas. Echó a volar porque no tenía poso. Y reventó al tropezar con un espejo despiadado que le escupió la realidad tal cual es. Entonces era demasiado tarde para volver a nacer.


Me dice: «Ojalá la primera vez hubiera dicho no».


Y le pregunto, con una impotencia infinita, a sabiendas de que ahora da igual la respuesta: «¿Quién fue, dímelo, quién miró a otro lado cuando todavía no estaba todo perdido?».



jueves, 2 de julio de 2009

¿Cuál es tu elefante?



"Dentro de un mes o ya, la mayoría de los españoles nos tomamos las ansiadas y merecidas vacaciones estivales. Hay gente que divide este tiempo de descanso en dos partes: durante la primera quincena se reponen y la segunda la dedican a hacer planes. Bajo la sombra de un árbol o de un parasol, degustando una bebida refrescante, nos montamos una película fantástica...Hay que ver cómo cambian las cosas cuando volvemos a la rutina. Poco a poco nuestros proyectos se van diluyendo y acaban siendo “un sueño de una noche de verano”. El “quid” de la cuestión sería averiguar por qué siempre nos pasa lo mismo y no hay manera de llegar a las siguientes vacaciones con un balance positivo.

Asistí hace poco a una conferencia de Dña.Nuria Chinchilla, profesora del IESE, especialista en gestión del tiempo. Anoté en una hoja dos interrogantes: ¿Cuál es mi elefante?... ¿Quién será ese estúpido ladrón?... Posiblemente no hayamos caído en la cuenta, pero lo cierto es que todos tenemos un elefante que nos comeríamos tan a gusto. El problema es que nuestro estómago no puede abarcar el tamaño de semejante animal. Sólo hay una posibilidad: cortarlo a filetes y engullir uno cada día. De todas formas ¡ojo con los ladrones de bistec-de-elefante! Son muy sutiles...Se filtran silenciosamente en nuestra cocina y son capaces de desvalijar la nevera. O le colocamos un candado o nos quedamos sin tan preciado plato. Elefantes hay muchos, tantos como personas a las que les ilusiona un proyecto...y la mayoría de las veces los tenemos en una jaula, hasta que se nos hacen viejos, porque no sabemos por dónde empezar. Un elefante es una tesis doctoral, un curso de formación, una oposición, o una novela que hemos empezado mil veces. Así, de entrada, asusta. Se nos antoja algo inabarcable. Pero si nos ponemos un plazo y marcamos el tiempo diario que le vamos a dedicar, si nos vamos comiendo cada día una rodaja... llega un momento en el que, por fin, nos ventilamos el elefante entero. No obstante, a pesar de nuestra firme decisión de “hoy empiezo”, se nos van colando esos malditos ladrones que nos sustraen minutos, incluso horas, con las cosas más absurdas: una llamada telefónica que podríamos perfectamente demorar; unos papeles que aparecen en la mesa, que no sirven para nada, y los podríamos tirar...o archivar; ideas peregrinas que se nos ocurren justo en el peor momento y que podríamos anotarlas en lugar de ejecutarlas ¡ya!; esa excusa que nos inventamos para interrumpir una y otra vez nuestra tarea...Definitivamente, al tiempo hay que echarle un pulso: o lo dominamos nosotros o él nos lleva por donde quiere. ¿Alguna receta para ganar?Una buena agenda, pensar cuándo comeremos el filete de elefante y dónde colocaremos lo más importante. Y anotar. Y tener claro que, casi siempre, lo muy urgente pero poco relevante puede esperar."

...

Y , por supuesto, cada uno su prioridad... Cada loco con su tema... Que cada uno es como es y cada quién es cada cuál.





Hoy, dedicado a A.P.

miércoles, 10 de junio de 2009

"Mina. Háblame de tu Islam."


Muchas veces, desde el 11 de marzo, me he preguntado qué será de aquellos amigos musulmanes, hospitalarios donde los haya, que nos invitaron a su boda sin importarles nuestra creencias; que pintaron las manos de mis hijas con henna, como si formaran parte de su extensa familia; que no me pidieron que me descalzara cuando entré en aquella estancia inmensa y alfombrada donde se realizaban los preparativos para el gran día; que nos ofrecieron ese té tan especial, azucarado y adornado con menta, servido con la máxima delicadeza, acompañado con unas pastas exquisitas; los que nos dieron a probar harera – una sopa de pollo espesa, consistente, que los mantiene en pie el mes del Ramadán-; que mandaron un obsequio –a pesar de la distancia- el día que nuestra hija pequeña celebraba su Primera Comunión...


-Mina, ¿ qué está pasando?. Por favor, háblame de “tu” Islam.


-¿ “Mi” Islam?-responde... sorprendida.


-Sí, “tu” Islam... que no mata, que llama a la oración, al ayuno , a la limosna; el Islam que tú me contaste hace tiempo y que ahora no me encaja.


Tenemos una conversación, larga, con muchos intervalos de silencio. Elocuentes silencios. La entrañable Mina ... triste, preocupada; pesimista. Y hablamos, no de “su” Islam ... sino de Muhammad y de sus libros sagrados, el Qur’ an y el Sunnah –que recoge la práctica y el ejemplo de su Profeta -. Ella, haciendo un esfuerzo para que la entienda; yo, escuchando con voluntad de comprender.

Me cuenta... “Islam significa sumisión y se deriva de una palabra árabe cuyo sentido originario es ¡paz!”. “¿Y entonces...?” “Espera... los musulmanes creemos en Dios, Uno, Único e Incomparable; en los Profetas a través de quienes llegaron sus revelaciones a la humanidad; en el día del juicio final y en la responsabilidad individual por las acciones de cada uno; en la autoridad absoluta de Dios sobre el destino humano y en la vida después de la muerte”.

“¿Y los cinco pilares del Islam?.” “Los cinco pilares vienen a ser como la forma de vida de los musulmanes. El primero es la fe, todo en lo que creemos , lo que te he contado al principio. La oración –salat- es el segundo pilar. Nos obliga a rezar cinco veces al día, al amanecer, al mediodía, por la tarde, a la puesta de sol y por la noche; son como cinco parones que determinan el ritmo de todo el día...”.

“¿Y por qué rezáis así?”...Y hago esos movimientos que tanto llaman la atención. “Todo tiene su significado. Cuando decimos `¡Allah es el más grande!´ elevamos las manos a la altura de las sienes para testimoniar el poder absoluto del Dios del Universo, luego inclinamos la espalda como señal de reverencia y nos postramos con la frente tocando el suelo en actitud de súplica. Después nos enderezamos y permanecemos sentados sobre los talones, con las rodillas en el suelo y la cabeza inclinada para manifestar nuestro fervor; también realizamos un movimiento de cabeza, a derecha e izquierda, para saludar a los dos Ángeles”... “¿Has dicho ángeles?”... Mina suelta una carcajada al ver mi cara de sorpresa. “Sí, niña. Los musulmanes creemos en los ángeles.” ... “Y a todo esto, si estás en la oficina o tomando un café... ¿cómo haces?”. “Pues igual. Ojalá tuviéramos una mezquita al lado. Pero si no, cualquier sitio vale”.

No...si valer, vale. El problema es lo extravagante que resulta. Y se lo digo; y dice que ya lo sabe. “El Islam parece exótico, extraño...pero el problema es del mundo moderno, que desliga completamente las creencias de la vida ordinaria.”

Además de la fe y la oración, me explica la importancia del Zakat, la limosna, “nuestras posesiones se purifican dando una parte de ellas a los necesitados”. “¿Tenéis una cantidad estipulada?” “Sí, un porcentaje de nuestras ganancias; en concreto el dos y medio por ciento del capital anual de cada uno”.

El Ramadán es, quizá, lo más conocido. Por eso le pregunto cómo es de estricto el ayuno. “Los enfermos, los ancianos, los que están de viaje y las mujeres embarazadas o que amamantan a sus hijos pueden quebrantar el ayuno; pero deben recuperarlo en un número igual de días. Si no pueden realizarlo por causas físicas deben alimentar a una persona necesitada por cada día que no han cumplido el ayuno”. Uno se queda pensando...Desde el alba hasta la puesta de sol, sin comer ni beber, todo un mes. Durísimo. ¿Y con qué fin? Mina me da una explicación que, por lo menos, hace pensar. “El que ayuna, al abstenerse de las comodidades a las que está habituado, logra una mayor compasión hacia los que pasan hambre; también ayuda a profundizar en la vida espiritual”.

“El quinto pilar es la peregrinación que todo musulmán debe realizar, al menos una vez en la vida y si se tienen medios para el viaje”.

Todo lo que me explica no tiene nada que ver con las bombas humanas, ni con el odio, ni con las masacres que están causando tantas muertes, tanto dolor; de momento lo que advierto son bastantes preceptos y obligaciones. Por ello, Mina puntualiza. “No te vayas a quedar sólo con eso. En el Islam, la intención es necesaria para la validez de todos los actos obligatorios.”...


Tenía que salir, eso sí que era obligatorio y ella lo sabe. “Mina, no te ofendas...” Por el tono intuye que le voy a preguntar sobre la jihàd. Me explica que jihàd significa lucha y que la más importante es la interior, la que cada uno mantiene consigo mismo para lograr la paz de espíritu. En cuanto a la guerra, el Islam permite luchar en defensa propia y en defensa de la religión, aunque matiza “El Qu´ran dice : `Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os extralimitéis. Dios no ama a los transgresores ´ `Si buscan la paz, búscala tú también. Y confía en Dios, porque Él es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe’ “.

Noto que es un tema del que le cuesta hablar. Porque ama su religión... como yo amo la mía. Miles y miles de musulmanes repartidos por todo el mundo están sufriendo; es un sufrimiento que no se ve, que no se oye. No sabemos de su angustia porque su angustia no hace ruido. Pasan desapercibidos porque son buena gente y la buena gente no es noticia.


Mina me da las gracias por interesarme por ella y los suyos. “¡ Por Dios!; ¡es lo mínimo! ...Y te lo debía”.



jueves, 14 de mayo de 2009

A propósito de la píldora del día después


No os preocupéis. Llevo la coraza puesta... Vamos, que me importa un higo que la gente no esté de acuerdo.


Aún puedo visualizar a una Lidia Falcón más irónica que nunca... "Pero si no pasa nada... Después del coito, se la toman y ya está..." Para qué recetas. Si es como una tirita...


Definitivamente están amnésicos. En otro post, si a alguien le interesa, cuelgo las 33 enfermedades de transmisión sexual que ríete de la gripe A. Porque lo que está claro es que pa qué el preservativo. Te tomas la bolita y punto pelota.


Un viejo artículo que ya tenía ganas de ventilar.


SEXO Y AFECTOS


El profesor Barrio Mestre aborda en una entrevista el tema de la afectividad en la adolescencia. Tomo unas cuantas notas.

La afectividad es «la manera en que nos vemos 'afectados' positiva o negativamente por las cosas». Las personas sentimos cosas, pero lo más importante es todo lo que hacemos de forma «sentida», todo lo que sentimos como nuestro.


Observo cómo distingue entre hacer lo que siento o se me antoja en cada momento y hacer como algo consentido lo que siento. Parece un juego de palabras. Si se lee despacio advertimos que no. Cuando el ser humano consiente, lo que hace es atrapar los sentimientos y dejarlos reposar en la cabeza y en el corazón. En la cabeza y en la medida que va madurando, calibra las consecuencias de sus actos. En el corazón, acepta o rechaza lo que lo hace ser mejor persona o no, o todo lo contrario; porque para bien o para mal, somos libres. Los únicos que dejan que los impulsos sensitivos fluyan sin límite son los animales salvajes. Entre el estímulo y la respuesta no existe el kit-kat de la reflexión; «por eso hay que encerrarlos», puntualiza Barrio.


Qué contraste con la forma con la que se trivializa la sexualidad, reduciéndola a simple genitalidad; un aspecto importante pero no el único. Nadie puede negar que el sexo lo invade todo. Se acude a él para vender un coche, un reloj o una colonia; él es el protagonista de cualquier guión cinematográfico, de los programas «rosas», de los carteles publicitarios que nos felicitan la Navidad. Eso es lo que se está transmitiendo a los adolescentes. Se les invita a que usen sus órganos sexuales como si fueran un chicle que, cuando ya no tiene gusto, se escupe. En lugar de explicarles que somos individuos sexuados y ello implica todo nuestro ser desde que nacemos, desde la cabeza hasta los pies, se insiste en todo lo que sucede de cintura para abajo.


Se infravalora la formación de los afectos y sólo se informa sobre el modo más efectivo de evitar las consecuencias no deseadas que se derivan de una relación sexual. Se nos está olvidando explicarles que la persona es «algo más que lo que come y que sus secreciones glandulares».

¿Y a quién corresponde la formación de los jóvenes en este ámbito? Me adhiero a la respuesta del profesor: «Fundamentalmente a los padres, y subsidiariamente a la escuela. Subsidiar no es suplantar sino ayudar y colaborar en la línea que desean los padres». El Ministerio de Salud debería reflexionar sobre este punto. Con sus proyectos de "Salud y Escuela", con sus teorías del menor maduro, se están apropiando... nos están robando... una esfera de la formación de los menores que compete a la patria potestad. Invasores e invadidos: ¿qué tal si repasásemos la Constitución?