
Ahora nos entran las prisas. Y afloran dos identificaciones muy arraigadas: nuestros hijos son, por encima de todo, estudiantes; el buen estudiante saca buenas notas. ¿Me permiten un pseudosilogismo? Luego...un buen hijo es el que saca buenas notas. Expresado así, nos parece una aberración ¿verdad?. Pues no tanto. Seamos sinceros. ¿Cuántas veces premiamos sólo los éxitos académicos y olvidamos su esfuerzo diario?.¿O no es cierto que lo que valoramos es “el diez” en lugar de apoyarles, día a día, para que rindan al máximo según sus posibilidades?. En el fondo –y en la forma- el problema es esa tendencia al reduccionismo, que sólo se resuelve si tenemos claro lo que significa la familia.
La familia es el único ámbito de la sociedad donde deberíamos ser apreciados también con nuestros defectos. En la familia deberíamos “caber” todos; deberíamos sentirnos orgullosos por cada pequeña victoria de cualquiera de sus miembros y cerrar filas alrededor del que sufre un fracaso... porque nuestro vínculo es el amor. En la familia, en casa, nadie es más importante que nadie; nadie es el modelo de nadie; nadie se compara con nadie. En casa, todos triunfamos; y si no, siempre hay otra oportunidad. Nuestros hijos, además de estudiantes, son hermanos, nietos, amigos de... que comparten su tiempo libre, colaboran en casa, hacen deporte... Un hijo es mucho más que un “cerebro con patas”; es un ser irrepetible en el que se integran cuerpo, afectos, intelecto. El estudio no es un fin en sí mismo, es un medio para adquirir conocimientos y asimilarlos, para crecer en virtudes y ponerlas en juego, para ser mejor persona.
“Bien, como teoría está bien ; pero a la hora de la verdad lo que cuentan son las notas.” “¿O no?”...Pues sí y no. Las notas son la consecuencia lógica del trabajo bien hecho. No obstante, cabría hacer dos precisiones:
Valdría la pena saber qué podemos exigir a nuestros hijos y esforzarnos por crear un clima de comprensión, sin el cual la propia exigencia se vacía de contenido para convertirse en disciplina de cuartel. Deberíamos transmitirles que lo que cuenta es el empeño y la constancia muy por encima de los resultados...y que los resultados llegan con empeño y constancia; que el estudio es un verdadero trabajo y no un simple trampolín para la fama.
Creo que aún podemos rescatarles de otro reduccionismo muy común en nuestra sociedad de consumo: Tanto tienes , tanto vales.