jueves, 9 de septiembre de 2010

Deseos y esperanza


Me lo envió Miriam. Y lo guardé en la carpeta que lleva por nombre “Miriam”. Hace mucho que no la veo. Nos comunicamos por correo electrónico. Ella no escribe nunca “Hola, ¿cómo estás?... ¿qué tal te va?...” y toda la retahíla de lugares comunes; me manda escritos, historias para pensar. Son el termómetro de la fiebre que tiene la sociedad, de lo que anda bien o anda mal y de lo que pasa por su cabeza. Y no hace falta nada más. Nos entendemos así. Como aquella vez que me regalaste Para nacer he nacido, de Pablo Neruda. No sé si te acuerdas. Compartimos el último tramo del B.U.P- de letras puras- y los años de universidad, las tertulias pseudoliterarias, pseudofilosóficas, pseudo-lo-que-fuera. “No en sabíem més”, como dijo Serrat, aunque teníamos más que 15 años. Nos unía un lazo que no se ha rasgado todavía: cambiar el planeta y sus aledaños.



Soplaban entonces vientos de libertad, un poco real y un poco inventada. El mundo –no podría ser de otra manera- debería gobernarlo gente honesta, gente que luchara por la gente y se fiara de la gente. Tampoco hace tanto de esos sueños... Supongo que por eso Miriam me mandó este poema, escrito -o recuperado- por un alumno. No sé si es cierto, pero quiero pensar que es un alumno que te ha entendido. Un alumno al que le has transmitido tu talante abierto, tu seguridad en pocas cosas pero rectas y todo lo que pones en tela de juicio. Felicita a tu alumno. Felicidades también a todos los buenos alumnos de la tierra. Que los hay. Que no son pocos a pesar de que últimamente se dejan notar poco. A todos los alumnos de la tierra que, como el de Miriam, estudian y aprenden para aportar algo a la sociedad. Dile que este poema, sea de quien sea, es brisa de aire fresco, sin contaminar; que me ha servido y, probablemente, también a algún lector de esta columna.



“Te deseo primero que ames, / y que amando, también seas amado. / Y que de no ser así seas breve en olvidar / y que después de olvidar, no guardes rencores....” El perdón. Que las heridas sin perdón se hacen costra. Cada vez que la arrancas sangran y se vuelve a hacer costra. Costras que impiden que volvamos a amar.



“Te deseo que tengas amigos (...) Y porque la vida es así, / te deseo que tengas enemigos. / Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, / para que, algunas veces, te cuestiones / tus propias certezas (....) Y que entre ellos / haya por lo menos uno que sea justo, / para que no te sientas demasiado seguro”. Porque nos equivocamos. Muchas veces. Más de las que querríamos. Y desde el otro lado de la trinchera las equivocaciones se ven más. Desde allí nos pueden llegar las ráfagas de nuestros desaciertos. Y no por venir del otro lado son menos verdad.



“Te deseo además que seas útil, / mas no insustituible...” Caminar marcando el camino, sin borrar las huellas para que otros lo tengan más fácil. Pasar... o dejar paso si otros pueden ir más deprisa. Y saber seguir las huellas que, esta vez, han dejado los otros. Son tan buenas, tan valiosas como las nuestras.



“Igualmente, te deseo que seas tolerante, / no con los que se equivocan poco, / porque eso es fácil, sino con los que / se equivocan mucho e irremediablemente...” Que el respeto sea un principio universal, como la ley de la gravedad. Un único punto de apoyo: las personas. Una única palanca: la comprensión. Una única fuerza: la paz.



“Te deseo que siendo joven/ no madures demasiado deprisa, / y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, / y que siendo viejo no te dediques al desespero...”. La dignidad de lo que somos, de amarnos como somos y en cada momento que somos. Con la piel suave o arrugada; erguidos o gibosos. El tejido del alma ... frágil en la juventud, recio en la madurez, inquebrantable en la vejez.



“Te deseo de paso que seas triste. /No todo el año, sino apenas un día. / Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena...” Con tu permiso, alumno-poeta, cambio el ser por el estar y la tristeza por la pena. La pena, el sufrimiento real que no impide sonreír. El sufrimiento que nos despierta del letargo y nos invita a entender y a suavizar las penas de los demás.



“Te deseo que descubras, / con urgencia máxima, por encima /y a pesar de todo, que existen y que te rodean, seres oprimidos, / tratados con injusticia y personas infelices” . Si abrimos los ojos es imposible no ver. Y si vemos –miramos-, es mezquino no hacer nada o hacer poco o hacer con el tiempo que nos sobra.



“Si todas estas cosas llegaran a pasar, / no tengo nada más que desearte”.



Si un joven estudiante es capaz de desear tanto y tan bueno, cabe la esperanza. ¿No les parece?.

8 comentarios:

Driver dijo...

Sentado en el sofá de casa o conduciendo a través del páramo, me ha tocado responder a algunas de las preguntas más difíciles de mi vida.
"Papi, ¿me pones un ejemplo de retroactividad?"
Pues mira es cuando haces algo o conoces una cosa y esa información te sirve para algo posterior.
"¿Y un ejemplo?"
Pues cuando te caes al pisar la arena y te rompes un hombro por ir corriendo haciendo el canelo.
Como tu papá este verano.
"¿Y...?"
Pues que aprendes que en el futuro es mejor no competir físicamente con alguien que te saca treinta y cinco años.
"Pues la retroactividad es una patata, porque si lo que aprendes es a no jugar con uno menor que tú, te vas a aburrir mucho".
Si, hija...
...
A veces, casi todas, aprendo de la gente menuda.
En la mayor parte de los casos, conversar con adolescentes me rejuvenece.
Al charlar con gente de treinta, me doy cuenta que hay varias formas de abordar los nuevos futuros.
Y los cuarentones han cambiado tanto, que algunos parecen sacados de la incubadora y otros de la cátedra.

Así que ahí estás. Con una edad indeterminada, en un mundo cambiante, donde las Leyes de Mendel, la Termodinámica y las Leyes de la Mecánica, han sido sustituidas por la curva de las probabilidades, la teoría cuántica y el güindos XP.

Así y todo, deseo más que fervientemente la pregunta curiosa de un enano, la impaciente cuestión de un adolescente loqueras, o el texto de una tierna señora madre de familia.

Pues intentar responder me mantiene.

Joven.

Marta dijo...

Me alegra saber que los profesores tambén tienen recompensas y de vez en cuando un alumno brillante, bss

Ana, princesa del guisante dijo...

Este chaval no sólo es una esperanza... ¡es una lumbrera!
Un petonet

Modestino dijo...

Sigue desempolvando tesoros de la carpeta "Miriam", ya se ve que valen la pena.

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

¡Maravilloso! Me ha animado, me ha abierto puertas que yo misma tengo cerradas y me dan ganas de compartir esto mismo con mucha otra gente. Magnífica recuperación el de este poema, me encantaría saber quién lo ha escrito. Voy a ver si lo encuentro en San Google. Un abrazo.

Zambullida dijo...

Es un magnífico poema, pero, si te soy sincera, ya lo había leído en algún sitio; hay partes que me suenan, tal vez en un "powerpoint". Por la parte que me corresponde, me quedo con el perdón y con la tolerancia, entre otras cosas porque también los deseo para mí misma. Si no practico estas virtudes, difícilmente las obtendré. Y aún ejercitándolas, cabe la posibilidad de que siga sufriendo juicios, incomprensión e intolerancia hacia mi persona. Supongo que así es la vida. No pasa nada.

sunsi dijo...

¿Os importa que os conteste a todos en el mismo comentario...? He tenido un día complicado. Y ahora me pongo con un post...complicado e ineliudible.

*Joven Driver... lo sé. Si a la que puedes te escurres... y te vas con los jovenzuelos... Buena elección, camarada.

*Por supuesto, Marta.Y te lo digo por experiencia. A veces tienes que esperar años...Bs

*El poema no es suyo. Pero da igual. Todo lo que desea "el poeta" ... está muy bien.

*La carpeta Miriam -ya va siendo hora-Fernández de Caleya Dalmau. Te gustaría conocerla, Modestino. Es un pozo sin fondo.

*Lisset. Lo he buscado yo también en Mr. Google y nada. Pero le puedes sacar tanto jugo...¿verdad? Besos. Oye. Por cierto.¿Te importa que te agregue en los blogs de la derecha?

*Yo también, Zambullida. Y no consigo averiguar de quién es. Pero le he añadido una pequeña aportación personal... No sé si sirve. El perdón.De ida y vuelta, Zambullida. Un recuerdo de la oración por excelencia "Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Este párrafo... Hay veces que mejor nos iría callarnos o detenernos hasta que fluya el perdón. He pillado... creo.
Un beso

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

Sunsi, me puedes agregar en los blogs de la derecha, en tu lista de fieles lectores, en la de tus amigos y en donde quieras :) Un abrazo.