lunes, 23 de febrero de 2009

La buena educación


Mireia, que es como una biblioteca ambulante, me prestó Bien educados, de Salvador Cardús. No me da la vida para leer todo lo que me presta... y a veces me salto capítulos y voy a lo que me interesa.


El colofón de este libro me parece digno de reflexión.


"Creo que la impaciencia, junto con la prisa que ésta suele comportar, la desmesura y la invasión del espacio que ocupan los demás así como el derroche de recursos -no exclusivamente materiales- son las tres principales cartas de visita de la mala educación".


"¡¡¡Es un maleducad@!!!! ¿Cuántas veces hemos hecho este comentario, con furia contenida o incontenida? Y si te paras a pensar, dices ¿qué será lo que transforma a una persona en una impresentable, borde y demás?, ¿qué tiene fulano o mengana que echa para atrás y como más lejos mejor?


No está nada mal cómo concreta Cardús.


La impaciencia. Comenta el autor que consiste en una mala combinación entre la persona y el tiempo. El impaciente no tiene sosiego para aprender, para establecer relaciones humanas consistentes y es incapaz de pararse para diseñar un futuro propio. Hasta ahí, lo que le suceda al impaciente revierte en él mismo. Pero obviamente el impaciente vive en sociedad. Llega siempre acelerado y rompe el clima armonioso de los que han llegado temprano. Porque otro problema del impaciente es que aquello del "vísteme despacio que llevo prisa" no... no le encaja, precisamente porque con las prisas siempre olvidamos algo y hay que echar marcha atrás. Y sus prisas acaparan la atención y generan malestar... y corriente de aire.


La desmesura y el exceso. En este caso es el espacio, en su sentido más amplio, el que no se lleva bien con la persona o, mejor dicho, la persona no sabe bien cómo o qué espacio ocupa. Desmesura, como concreta Cardús, "en el espacio físico, sí, pero también en el uso de la palabra, en la exhibición de la propia imagen, e incluso e una autoestima desbordada". Desde luego, sentirse el centro del universo o el ombligo del mundo no es falta de educación. Lo es sus conseciencias que saltan al ruedo con el excesivo exceso. Aquello que nos lleva a ser el muerto en el entierro, el niño en el bautizo, la novia en la boda... sumándole esa simpatía hueca que cansa a los diez minutos y ese optimismo "de pose" con empatía cero. Es esa jovilidad a toda costa y porque sí que te hace saltar de la silla al leer lo que escribió Chesterton al respecto: "Si alguna vez asesino a alguien, será a un optimista".

Esa mala educación se traduce en expresiones ( disculpen los caballeros) "Ay, chica, es que te lo montas mal" ... "Pues a mí, de cine... me da tiempo a todo... es cuestión de organizarse"... Y toda la retahíla que te hace sentir un gusano inútil y aplastado.


El derroche. Cuando el descontrol se traslada al entorno "va acompañado del maltrato de los bienes físicos" . Añadiría y el uso de estos bienes según nuestro antojo. Pienso en escenas tan cotidianas tipo el que se adueña del mando de la tele y cambia sin pedir opinión... o el que tiene frío y sube la calefacción sin darse cuenta de que el prójimo suda como un pollo... o al revés... cuando el calor aprieta y pone el aire acondicionado a tope a pesar de que el compañero ha ido a buscar un abrigo una bufanda y un gorro... Yo quiero ver... yo tengo frío o calor y los demás... A propósito ¿es que existen "los demás"? .


Quizá es éste el tema. Yo soy yo y mis circunstancias ( una frase de Ortega con mil aplicaciones) en las que se incluyen los que conviven conmigo: mi familia, los compañeros de trabajo, los vecinos. Si me sitúo en el tiempo, con el ritmo que no hace perder el compás al personal; en el espacio, sin avasallar con mis maneras ni mis discursos atronadores; en los bienes de los que disponemos, sin adueñarme de ellos, sin privatizarlos... salen como por arte de magia tres virtudes básicas que apunta Salvador Cardús: paciencia, templanza y sobriedad.
Mucho tema para sacarle punta.


13 comentarios:

Luisa dijo...

Los adolescentes a veces parecen y se muestran maleducados, pero es por una vergüenza casi invencible.Es un matiz del tema que apunto.

Sunsi dijo...

Gracias por la aportación,Luisa. Lo de los adolescentes es que los pobres adolecen de casi todo. Es pose. Si ha habido un antes consistente, hay que tener paciencia para eseprar al después.

Y ahí estoy... justo en el punto de la espera.

Besos al sur

Driver dijo...

La buena educación abre las puertas.
Pero las sonrisas, dejan pasar el aire.
Sonríe.
Mañana es el mejor día del resto de tu vida.

Sunsi dijo...

Driver... esta buena educación no es nada, no sirve, sin una sonrisa.

De todas formas, gracias por recordármelo... no sea que se me frunza el entrecejo y me tenga que aplicar colágeno.

Saludos... y me alegro muchísimo de que hayas pasado un buen día...

Diego dijo...

Con Aurora,
la mañana,
nubera entera.

Y si te vas de viaje,
con Pepa,
alto voltaje.

Para hablar de hermosuras,
la Sunsi,
y sus plumadas criaturas.

En fin...,gracias por el detalle.
Señoras.

Máster en Nubes dijo...

Bueno, es que hoy somos todos mucho peor educados, la verdad. Yo me doy cuenta de lo fina que es mi madre y lo burra que soy yo, en comparación, digo.

Quizás es un tema de tiempo no sólo exterior, sino interior. De ritmo interior más lento, no sé.

Y lo de sonreir es importante, estoy de acuerdo. Físicamente... y no sólo físicamente. A veces uno va con cara de perro cabreado por la vida. Hombre, tampoco se trata de ir de los mundos de Yupi, pero desde luego que una sonrisa abre el alma del otro y una cara de perro te la cierra. Te aleja.

pepa dijo...

Como soy picapleitos,
práctica y pragmática,
composiciones iniciáticas,
ditirámbicas y poemáticas,
no escribo.
Mas es honor inmerecido,
que tan letrada gente,
aprecie la calderilla,
de la irónica letrilla,
de picapleitos (no jurisprudente)
epigrámática y sencilla.

Sunsi dijo...

Oye, que aquí quien no corre vuela. Pepa... ¿tú también? Estáis últimamente de un poético... no patoril...

Estoy de acuerdo contigo, Máster. La generación anterior a la nuestra "sabía estar" como se suele decir... Pero la nuestra..¿no es más auténtica? Creo que estamos menos pendientes del qué dirán, de si voy adecuada o no... Hay menos uniformidad y algo más de espontaneidad .

Quizá antes se incluía en las normas de la buena educación muchos formalismos que igual no son necesarios. Los cambio por una sonrisa...

Un saludo a todos.

pepa dijo...

Que frustación, oye.

Mi intención no era ponerme poética, sino deletérea.

¿No se nota la maldad?

¿La intención satírica?

Pues muy, pero que muy mal.

Incomprendida que es una.

Item más.

A tu catálogo de mala educación, añadir:

- Los del carrito del súper que circulan como si nadie más quisiera comprar.

- Los que dejas entrar, salir o pasar, en establecimietnos varios, proceden sin prestar atención, como Moisés atravesando el Mar Rojo.

- Los peatones y automovilistas a los que cedes el paso, ni un mínimo gesto de asentimiento, son como un anuncio de L'Oreal "porque yo lo valgo"

- Jóvenes y no tan jóvenes que utilizan los espacios públicos como si su habitación fuera, porque la calle es mía ¿o no?

Así, ad nauseam.............

Conclusión: somos un país de maleducados.

Sunsi dijo...

Claro que se nota el tono satírico, hedbana... Pero a lo tonto a lo tonto te has marcado un poemilla. Se pega todo menos la hermosura... dicen.

A propósito de los peatones... ¿y lo que caminan despacio, muy despacio que parece que lo hagan para fastidiar?

¿Y los que te cuelgan el teléfono porque suena ese ruidito intermitente que significa que alguien te está llamando... y tú con la palabra en la boca?

¿Y aquélla que va a una conferencia y desparrama el bolso, el abrigo, los guantes, la bufanda, la peluca... en toda la fila de asientos y te mira como diciendo "se siente... está ocupado"?

¿Y esto que me fastidia tanto... un corrillo de señoras hablando y te acercas y , de repente, se quedan mudas?...

Y....

Modestino dijo...

Magnífico, sencillamente magnífico.

Sunsi dijo...

Gracias, Modestino.
Un saludo desde Tarraco

Luisa dijo...

Pepa tiene corazón.
Pepa tiene corazón.
Pepa tiene corazón.
Y aunque disimula,a nadie engaña con su caparazón.